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La vía laparoscópica con la que se pueden abordar los cálculos en la vesícula

cálculos vesícula biliar

Los cálculos en la vesícula biliar figuran entre las enfermedades digestivas más frecuentes, aunque muchas personas desconocen que los padecen. En la mayoría de los casos no producen síntomas y son descubiertos de forma casual durante una ecografía realizada por otros motivos. Sin embargo, cuando estas pequeñas piedras comienzan a provocar dolor o complicaciones, la cirugía se convierte en la opción terapéutica más eficaz para evitar problemas de mayor gravedad.

Todo el proceso lo explica para Directivos y Empresas el jefe del Servicio de Cirugía General y del Aparato Digestivo del Hospital Ruber Internacional, el doctor César Canales Bedoya. Desde su experiencia, afirma que la mayoría de los pacientes con cálculos en la vesícula convive con ellos con un seguimiento médico adecuado. Sin embargo, hay un riesgo bajo en el que pueden presentarse síntomas. Es ahí cuando hay que intervenir quirúrgicamente.

Hablamos de una enfermedad que afecta aproximadamente al 10 % de los hombres y al 15 % de las mujeres. Su incidencia aumenta progresivamente con la edad hasta superar el 20 % de la población entre los 60 y los 65 años.

Doctor César Canales Bedoya.

Episodios en los que hay que pasar por el quirófano con cálculos en la vesícula

La alerta que debe poner en sospecha a pacientes y médicos sobre los cálculos en la vesícula es la reiteración de episodios de dolor, normalmente la parte derecha superior del abdomen. El denominado cólico biliar constituye la manifestación clínica más habitual en este colectivo de pacientes y suele presentarse tras comidas abundantes o ricas en grasas, según indica el doctor Canales.

Esa repetición de episodios requiere la respuesta quirúrgica. En esos casos, el especialista del Ruber apunta a la colecistectomía laparoscópica como una opción eficaz. En este proceso mínimamente invasivo, se extirpa la vesícula biliar del paciente utilizando pequeñas incisiones. Los resultados muestran altas tasas de éxito, escasas complicaciones y una mejora significativa de la calidad de vida en los pacientes que sufrían episodios repetidos de dolor o inflamación

El principal motivo para recomendar la cirugía no es únicamente aliviar el dolor, sino prevenir complicaciones que pueden comprometer seriamente la salud del paciente. Entre ellas destacan la colecistitis aguda, una inflamación de la vesícula que requiere tratamiento urgente; la pancreatitis, provocada cuando un cálculo obstruye la salida de las secreciones pancreáticas; o la colangitis, una infección de las vías biliares que puede llegar a poner en riesgo la vida si no se trata rápidamente.

Además, aunque el riesgo absoluto continúa siendo reducido, la presencia mantenida de cálculos durante largos periodos también se ha relacionado con un aumento de la probabilidad de desarrollar cáncer de vesícula, especialmente en determinados perfiles de pacientes.

Intervenir incluso cuando no haya sintomatología

No obstante, existen situaciones en las que el médico aconseja intervenir incluso antes de que aparezcan síntomas. Es el caso de personas inmunodeprimidas, pacientes con determinadas enfermedades hematológicas, como la anemia hemolítica, o quienes presentan pólipos vesiculares de cierto tamaño o factores que incrementan el riesgo de desarrollar un tumor en este órgano. En estos escenarios, la cirugía preventiva puede evitar complicaciones futuras.

La técnica utilizada actualmente ha cambiado de forma radical respecto a la cirugía tradicional. La laparoscopia permite extirpar la vesícula mediante pequeñas incisiones por las que se introducen una cámara y el instrumental quirúrgico necesario. Este abordaje ofrece numerosas ventajas frente a la cirugía abierta, entre ellas una recuperación considerablemente más rápida, menor dolor postoperatorio, un menor riesgo de infección y cicatrices mucho más pequeñas.

Gracias a estos avances, muchos pacientes reciben el alta hospitalaria en un corto periodo de tiempo y recuperan su actividad cotidiana en pocos días, siempre siguiendo las recomendaciones médicas y respetando el proceso de recuperación.

Vivir sin la vesícula…

Uno de los temores más habituales entre quienes deben someterse a esta intervención consiste en las posibles consecuencias de vivir sin vesícula biliar. Sin embargo, los especialistas recuerdan que este órgano actúa como un reservorio de bilis, pero no resulta imprescindible para la digestión. Tras la operación, la bilis continúa llegando al intestino directamente desde el hígado, permitiendo que la inmensa mayoría de los pacientes mantenga una vida completamente normal y sin restricciones importantes en su alimentación una vez finalizada la recuperación.

En los últimos años también han surgido alternativas destinadas a conservar la vesícula extrayendo únicamente los cálculos. Aunque esta posibilidad puede resultar atractiva para algunos pacientes, su aplicación continúa siendo muy limitada.

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