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El horario de verano empeora el sueño y reduce la productividad: por qué las empresas deben prestar atención

horario de verano y sueño

El debate sobre el horario de verano y el sueño vuelve a cobrar relevancia tras el reciente cambio horario en España. Más allá de una cuestión organizativa o cultural, cada vez más evidencias científicas apuntan a que esta modificación tiene un impacto directo en la salud, el rendimiento y la productividad de las personas.

Mantener el horario de invierno durante todo el año podría ser una medida más alineada con los ritmos biológicos humanos, favoreciendo el descanso y mejorando el desempeño diario. Así lo sostiene la doctora Carmen Gutiérrez, coordinadora de la Unidad del Sueño del Hospital Quirónsalud Córdoba, quien advierte de los efectos negativos que el cambio al horario de verano genera en el organismo.

Dra.Carmen Gutiérrez, coordinadora de la Unidad del Sueño del Hospital Quirónsalud Córdoba

El desajuste entre el reloj biológico y el horario de verano

El principal problema del horario de verano y el sueño radica en su desconexión con la hora solar real. España, por su ubicación geográfica, debería regirse por un huso horario más cercano al GMT, lo que coincide en mayor medida con el horario de invierno.

El cambio al horario de verano reduce la exposición a la luz natural en las primeras horas del día, un factor clave para sincronizar el reloj biológico. Este desajuste provoca que actividades cotidianas como las comidas o el descanso se retrasen, alterando el equilibrio natural del organismo.

En términos biológicos, este fenómeno afecta al ritmo circadiano, el sistema interno que regula funciones esenciales como el sueño, la temperatura corporal o la liberación de hormonas.

Un “jet lag social” que afecta al rendimiento

El cambio horario genera lo que los expertos denominan un “jet lag social”. Aunque no implique viajar, el cuerpo experimenta un desfase similar al que se produce al cambiar de huso horario.

Este desajuste puede provocar:

Desde el punto de vista empresarial, estos efectos tienen una consecuencia directa: una reducción del rendimiento laboral.

Durante los días posteriores al cambio de hora, muchas personas experimentan una menor capacidad de atención y una caída en la productividad, lo que puede afectar a la eficiencia de los equipos.

Impacto en la salud y en la seguridad laboral

Diversos estudios han demostrado que el cambio al horario de verano está asociado a un incremento de problemas de salud y riesgos laborales.

Entre los efectos más destacados se encuentran:

Este contexto tiene implicaciones claras para las empresas, especialmente en sectores donde la seguridad es crítica.

La falta de descanso adecuado no solo afecta al bienestar de los trabajadores, sino que también puede incrementar los errores y reducir la capacidad de reacción ante situaciones complejas.

Productividad y eficiencia: el impacto oculto

Uno de los aspectos menos visibles del horario de verano y el sueño es su impacto en la productividad.

Un descanso insuficiente o de baja calidad afecta directamente a:

En entornos empresariales cada vez más exigentes, donde la eficiencia es clave, estos factores adquieren una importancia estratégica.

De hecho, cada vez más organizaciones están incorporando políticas relacionadas con el bienestar y el descanso como parte de su estrategia de recursos humanos.

¿Debería eliminarse el cambio de hora?

La evidencia científica apunta a que mantener el horario de invierno de forma permanente sería una opción más saludable.

Esto permitiría:

Además, el supuesto ahorro energético asociado al cambio de hora es cada vez más cuestionado, mientras que los efectos negativos sobre la salud están ampliamente documentados.

Este debate no es nuevo, pero vuelve a ganar peso en un contexto donde el bienestar y la productividad están cada vez más conectados.

Cómo adaptarse al cambio horario

Mientras el sistema actual se mantenga, existen algunas recomendaciones clave para minimizar el impacto del horario de verano y el sueño:

1. Mantener horarios regulares

Acostarse y levantarse a la misma hora cada día ayuda a estabilizar el ritmo circadiano.

2. Priorizar la luz natural

La exposición a la luz por la mañana es fundamental para sincronizar el reloj biológico.

3. Reducir el uso de pantallas

Evitar dispositivos electrónicos antes de dormir favorece la producción de melatonina.

4. Cuidar la alimentación

Evitar cenas copiosas o tardías facilita un mejor descanso.

5. Evitar siestas largas

Aunque el cansancio inicial es normal, las siestas prolongadas pueden dificultar la adaptación.

Un reto también para las empresas

El impacto del horario de verano y el sueño no es solo una cuestión individual, sino también organizativa.

Las empresas pueden jugar un papel clave adoptando medidas como:

En un contexto donde el talento es un activo estratégico, cuidar la salud y el rendimiento de los equipos se convierte en una ventaja competitiva.

Hacia una nueva cultura del descanso

La relación entre descanso, salud y productividad es cada vez más evidente. El cambio al horario de verano pone de manifiesto la necesidad de replantear cómo se organizan los tiempos en la sociedad.

Más allá del debate político, la evidencia apunta a una dirección clara: alinear los horarios con los ritmos biológicos no solo mejora la salud, sino también el rendimiento económico.

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