Décadas atrás, el factor del sueño no era tan mencionado por los médicos como uno una garantía de salud, al menos no destacaban este tipo de mensajes a nivel mediático. Sin embargo, hoy el énfasis es mucho mayor en cómo dormimos las personas, dado el estilo de vida actual y los muchos estudios se han llevado a cabo sobre los beneficios del descanso.
Y es que cuando dormimos, el organismo humano inicia una compleja actividad biológica destinada a reparar, ordenar y proteger el cuerpo. Dormir no es simplemente desconectar del día, sino activar uno de los procesos más importantes para la salud. Ese es uno de los mensajes que quieren destacar hoy los especialistas con motivo del Día Mundial del Sueño.
Todos ellos recuerdan que dormir bien no es un lujo ni una cuestión secundaria, sino una necesidad biológica imprescindible. Este tipo de proclamas recuerdan que muchas personas padecen trastornos del sueño y sus consecuencias afectan directamente a su calidad de vida.
El sueño, “uno de los pilares de la salud”
Nombres como la doctora Andrea Gómez Moroney, responsable del Servicio de Medicina del Sueño de Olympia Quirónsalud, no dudan en afirmar para Directivos y Empresas que el descanso es uno de los pilares básicos que sostienen la salud. “El sueño es uno de los fundamentos del bienestar, al mismo nivel que mantener una alimentación equilibrada o practicar ejercicio físico con regularidad”, señala la especialista.
Doctora Andrea Gómez Moroney.
En sentido contrario, la falta de descanso adecuado puede tener consecuencias importantes tanto a corto como a largo plazo. En el día a día, dormir mal suele traducirse en menor energía, irritabilidad o dificultad para concentrarse. Pero cuando el problema se prolonga en el tiempo, los riesgos aumentan. Diversos estudios han demostrado que la privación de sueño se asocia con una mayor probabilidad de desarrollar enfermedades como diabetes, hipertensión arterial u obesidad.
“Muchas veces se piensa que dormir menos es simplemente una cuestión de cansancio acumulado, pero el impacto es mucho más profundo”, advierte Gómez Moroney. “El sueño no es tiempo perdido; es salud preventiva”.
Los trastornos del sueño más habituales
Entre los trastornos más frecuentes relacionados con el descanso destacan el insomnio, la apnea obstructiva del sueño y el síndrome de piernas inquietas. El insomnio, en particular, es uno de los más extendidos: se estima que puede afectar a entre un 20% y un 30% de la población adulta en algún momento de su vida.
Estos problemas no solo alteran la calidad del descanso, sino que también pueden tener un impacto directo en el funcionamiento diario. El cansancio crónico, los fallos de memoria, la disminución del rendimiento laboral o académico y la irritabilidad son algunas de las consecuencias más habituales. Si no se abordan adecuadamente, además, pueden aumentar el riesgo de enfermedades cardiovasculares y favorecer la aparición de trastornos emocionales como la ansiedad o la depresión.
Uno de los principales obstáculos para tratar estos problemas es que muchas personas tienden a normalizar el hecho de dormir mal. “Hay quien asume que despertarse cansado o pasar horas dando vueltas en la cama forma parte de la rutina. Pero cuando el descanso deja de ser reparador y empieza a afectar a la vida diaria, es importante consultar con un especialista”, señala la doctora.
Existen, además, ciertas señales de alerta que no deberían pasarse por alto. La somnolencia diurna persistente, despertarse con la sensación de no haber descansado, los problemas de concentración o los ronquidos intensos pueden ser indicios de que algo no funciona correctamente durante la noche.
En el caso de la apnea obstructiva del sueño, el diagnóstico precoz resulta especialmente importante. Este trastorno se caracteriza por la aparición de pausas respiratorias repetidas durante el descanso, que provocan descensos en los niveles de oxígeno y pequeños despertares que fragmentan el sueño. Aunque muchas veces el paciente no es consciente de estas interrupciones, sus efectos pueden ser significativos.
Problemas añadidos que pueden causar los trastornos del sueño
Si no se trata, la apnea del sueño puede contribuir al desarrollo de hipertensión, alteraciones metabólicas y un mayor riesgo de accidentes relacionados con la somnolencia. Además, la falta de descanso altera procesos fisiológicos clave, como la regulación de la glucosa, favoreciendo la resistencia a la insulina. A esto se suma una activación sostenida del sistema nervioso simpático y un estado inflamatorio crónico que incrementa la probabilidad de desarrollar obesidad, diabetes tipo 2 o enfermedades cardiovasculares.
“El impacto del mal sueño es sistémico”, explica la especialista. “Afecta a todo el organismo, pero especialmente al sistema cardiovascular”. En las consultas médicas también se observa un aumento de los casos de insomnio asociados al estrés y a los hábitos tecnológicos actuales. El uso de teléfonos móviles, tabletas o televisores antes de acostarse es uno de los factores que más influye en la alteración del descanso.
A este escenario se suma la estrecha relación que existe entre el descanso y la salud mental. Dormir mal puede aumentar la vulnerabilidad a la ansiedad o la depresión, y estos trastornos, a su vez, suelen empeorar la calidad del sueño, generando un círculo difícil de romper. “En muchos pacientes, cuando conseguimos tratar el problema de sueño, también mejoran de forma notable los síntomas emocionales”, apunta Gómez Moroney.
Rutinas para dormir mejor
Frente a este panorama, los especialistas insisten en la importancia de cuidar lo que se conoce como higiene del sueño, es decir, los hábitos que favorecen un descanso adecuado. Mantener horarios regulares para acostarse y levantarse, crear un ambiente oscuro, silencioso y con una temperatura confortable o evitar el uso de pantallas antes de dormir son algunas de las recomendaciones básicas.
También se aconseja evitar cenas copiosas, bebidas estimulantes como la cafeína o el alcohol, así como la práctica de ejercicio intenso en las horas previas al descanso. Del mismo modo, reservar la cama exclusivamente para dormir ayuda a que el cerebro asocie ese espacio con el reposo.

