Siempre se piensa en la electrificación como garantía para reforzar la transición energética. Siendo esto cierto, no solo de electricidad debe vivir el sistema, sino de otras tecnologías que han demostrado ser muy flexibles en el periodo pre-transición como el gas.
No en vano, un informe realizado por Deloitte ha corroborado recientemente que la red de distribución de gas seguirá siendo una pieza estructural del sistema energético español en el camino hacia la neutralidad climática. El documento elaborado por expertos de esta compañía ha sido presentado por la Fundación Naturgy para poner en valor esta otra energía, cuya capacidad de flexibilidad es total. Además, la tecnología ha posibilitado que este vector también tenga el apellido Renovable, como la eólica o la solar.
Por tanto, la idea central del estudio de Deloitte pasa por apostar por un modelo en el que la electricidad comparta protagonismo con la distribución de gas, siempre que esté actualizada y digitalizada la red. Esta fórmula hará que aumenten las opciones de descarbonización en para hogares, empresas e industrias.
Analizando el informe de Deloitte: El rol de la red de distribución de gas en el sistema energético español
Alberto González-Salas, socio de Energía de Deloitte, ha destacado durante la presentación del informe en un acto organizado por Fundación Naturgy que los datos sobre el gas en España constatan la capacidad para atender las puntas de demanda y gestionar la estacionalidad de las necesidades térmicas, aportando resiliencia y flexibilidad al sistema energético.
España cuenta con más de 96.000 kilómetros desplegados y alrededor de 8 millones de puntos de suministro de gas. En total, la red abastece directamente a 20,4 millones de personas y ofrece acceso potencial a otros 6,5 millones gracias a su amplia implantación. Esta capilaridad permite atender tanto a grandes áreas urbanas como a miles de municipios con climas fríos o fuerte actividad agroganadera.
El estudio subraya un dato revelador: el consumo térmico de los hogares españoles presenta diferencias de hasta 17 veces entre los mínimos estivales y los máximos invernales. Esta marcada estacionalidad exige un vector energético capaz de responder con flexibilidad y firmeza en episodios de frío intenso. Las redes de gas, dimensionadas para atender puntas de demanda y con capacidad de almacenamiento intrínseco —el denominado line pack—, garantizan ese suministro fiable.
La resiliencia del sistema también se refleja en la evolución reciente de la demanda. La punta diaria ha crecido un 7% en los últimos años, mientras que la demanda media se ha mantenido prácticamente estable. En paralelo, el gas ha reforzado su papel como respaldo del sistema eléctrico en situaciones de estrés, especialmente tras el famoso apagón de abril de 2025, cuando la generación con gas aumentó más de un 50% para cubrir restricciones.
Biometano: gas verde sin necesidad cambiar la infraestructura
Además de la capilaridad y resiliencia, se apunta otra característica importante como es la sostenibilidad y el biometano. Su potencia es claro para reducir emisiones, especialmente en usos térmicos e industriales difíciles de electrificar. Su principal ventaja radica en la compatibilidad total con la infraestructura existente: puede transportarse a través de la red actual y utilizarse en calderas y equipos sin modificaciones técnicas.
España cuenta con un elevado potencial de producción de biometano asociado a residuos ganaderos, agrícolas y urbanos. Entre el 80% y el 90% de esta actividad se encuentra próxima a la red de distribución, lo que convierte a esta infraestructura en la plataforma más eficiente para su transporte y aprovechamiento.
El despliegue del biometano requiere, no obstante, una red capaz de gestionar flujos bidireccionales mediante estaciones de flujo inverso. Países como Francia ya disponen de más de 30 instalaciones operativas de este tipo. En España, Naturgy ha desarrollado la primera en Capellades (Barcelona), validando técnicamente el modelo.
Raúl Suárez, CEO de Nedgia, subrayó que “la red de distribución de gas representa un activo cuya solidez y capilaridad seguirán siendo determinantes para garantizar un sistema energético seguro, eficiente y preparado para los retos de las próximas décadas”. En relación con el gas verde, añadió que su incorporación progresiva, junto con la digitalización, permitirá avanzar hacia una transición “ordenada, realista y alineada con los compromisos de descarbonización del país, sin menoscabo de la competitividad”.
Foto de la presentación del informe de Deloitte.
Digitalización: la red inteligente del futuro
El informe identifica la digitalización como habilitador esencial de la red del futuro. Sensores avanzados, sistemas SCADA, cromatógrafos, telemetría, medidores inteligentes y gemelos digitales permitirán gestionar en tiempo real presiones, caudales y calidad del gas, así como optimizar la operación en un entorno con generación distribuida creciente.
El Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MiTEco) trabaja en el despliegue progresivo de contadores inteligentes, que mejorarán la eficiencia del consumo, reducirán pérdidas y facilitarán la integración de gases renovables.
Paolo Gallo, CEO de Italgas, defendió una visión integrada del sistema energético europeo: “La transición energética, para ser exitosa, debe abordar el trilema energético —descarbonización, seguridad de suministro y asequibilidad—. Europa necesita un sistema en el que los electrones y las moléculas renovables trabajen conjuntamente”. Gallo recordó que las redes de gas existentes “no son un legado del pasado, sino un activo estratégico para acelerar la descarbonización de manera resiliente y rentable”.
En la misma línea, Gabriel Sousa, CEO de Floene, subrayó que la transición debe guiarse por el pragmatismo y el equilibrio. Según sus estimaciones, la demanda total de energía en Portugal podría crecer un 23% hasta 2050, impulsada por la industria y nuevos usos intensivos como los centros de datos. “La electrificación por sí sola no puede absorber toda la demanda sin generar presión sobre los costes y la resiliencia del sistema”, advirtió.

