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Gonzalo Bernardos, economista, y el sistema de pensiones: “es un orgullo, pero hay que hacer algún ajuste”

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El sistema de pensiones español puede ser una de las patatas calientes del periodo de campaña electoral. En el momento que ha salido este tema, los candidatos han optado por rehuir de él a sabiendas de que pueden crear polémica y restar votos el próximo 29N.

No obstante, hay desequilibrios financieros que no son nuevos pero que exigen tomar decisiones, ya que más de uno y más de dos milenialls ya dudan si podrán cobrar tras su jubilación. El economista Gonzalo Bernardos ha entrado de lleno en el debate en una de sus intervenciones en el programa Más Vale Tarde (La Sexta), recordando que “el déficit supera los 70.000 millones de euros”. Una cifra que, a su juicio, obliga a abordar ajustes sin renunciar a un modelo que considera un orgullo.

3 vías para reducir el déficit en el sistema de pensiones, según Bernardos

Dichos ajustes y decisiones podrían tomarse desde tres vías, según entiende. La primera sería “aumentar las cotizaciones sociales de los trabajadores», algo con lo que el economista «no está de acuerdo” porque “supondría que los trabajadores cobran menos”. Es decir, trasladar el esfuerzo a las nóminas de los ocupados no le parece una solución aceptable.

La segunda posibilidad sería retrasar la edad de jubilación, una medida con la que sí se muestra de acuerdo. La tercera opción sería reducir las pensiones de los jubilados, algo que rechaza tajantemente. De las tres, por tanto, solo una cuenta con su respaldo: alargar la vida laboral para sostener el sistema sin recortar prestaciones ni mermar el salario de los trabajadores.

Dos peligros para los pensionistas

Además de las vías de ajuste, Bernardos advierte de dos posibles escenarios que podrían perjudicar a los pensionistas. El primero sería que la pensión que reciben dependiera únicamente de lo que cada trabajador ha cotizado. “Esto es lo que hacen en Suecia y supone una bajada de las pensiones», señala. El modelo sueco, basado en cuentas individuales de aportación definida, tiende a traducirse en prestaciones más bajas para amplios sectores de la población, especialmente para quienes han tenido carreras laborales irregulares o salarios modestos.

“El segundo peligro es que les digan que el dinero que tienen las empresas de cotizaciones sociales y que depositan en la Administración pública no lo depositen todo en la Administración pública, sino en una entidad financiera o en una administradora de fondos de pensiones y que esta lo invierta no en renta fija, sino en bolsa”, explica el profesor de Economía. Ese trasvase hacia la gestión privada introduciría el riesgo de mercado en el ahorro destinado a las pensiones, con la posibilidad de pérdidas que acabarían repercutiendo en las prestaciones.

Defensa del modelo, con ajustes

A pesar de los ajustes que considera necesarios, Bernardos reivindica el actual modelo español. “Es un orgullo nuestro sistema de pensiones, pero sí que hay que hacer algún ajuste», concluye el economista. Su posición combina la defensa del carácter público y solidario del sistema con la constatación de que las cuentas no cuadran y de que postponer las decisiones solo agravaría el problema.

El debate, por tanto, queda planteado en unos términos precisos: cómo cerrar una brecha de más de 70.000 millones sin recortar pensiones ni cargar el coste sobre los trabajadores en activo. Para Bernardos, la respuesta pasa por retrasar la edad de jubilación y por preservar la naturaleza pública del sistema frente a las tentaciones de individualización y privatización que, advierte, acabarían reduciendo las pensiones.

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