Toda tecnología tiene sus ciclos y la inteligencia artificial no podía ser menos. La popularización de la IA generativa está dando paso a otra fase mucho más profesionalizada y, si se quiere, mucho más industrial. Ya estamos en un nuevo periodo en el que los agentes autónomos empiezan a tomar las riendas de ciertas actividades en las empresas.
Este cambio es el que se refleja en el informe The Value of AI 2026, elaborado por SAP y Oxford Economics, La investigación anuncia ya un cambio importante y una vertiente mucho más estratégica y escalable de la tecnología inteligente.
Y todo ello se refleja en los datos obtenidos por estas organizaciones. Ambas publican que la IA participa en el 30 % de las tareas que se desarrollan dentro de las organizaciones, cinco puntos más que hace apenas un año. La previsión es todavía más significativa: en apenas dos años esa cifra podría situarse cerca del 50 %, lo que supondría que prácticamente una de cada dos actividades empresariales contará con algún tipo de apoyo basado en IA.
La evolución no responde únicamente al avance tecnológico, sino también al cambio de mentalidad de las compañías. Durante los primeros años de implantación, muchas organizaciones limitaron la inteligencia artificial a iniciativas concretas, normalmente orientadas a automatizar procesos repetitivos o mejorar determinados servicios de atención al cliente. Hoy, sin embargo, la tecnología comienza a ocupar un lugar central dentro de la estrategia corporativa.
La nueva era de la IA son los agentes autónomos
Los desarrollos apuntan también a un mayor grado de avance y sofisticación. Y esto ya lo hacen muchas empresas en el mundo, según SAP y Oxford Economics. La IA generativa ha quedado para los departamentos como marketing, atención al cliente, recursos humanos o desarrollo de software, mientras que ahora el foco empieza a apuntar al salto evolutivo que representa la IA agéntica o los llamados agentes autónomos de IA.
A diferencia de los asistentes tradicionales, que responden a instrucciones concretas del usuario, los agentes autónomos inteligentes son capaces de ejecutar tareas completas, coordinar distintos procesos, interactuar con varias aplicaciones e incluso tomar determinadas decisiones dentro de los parámetros previamente definidos por la organización.
En la práctica, esto significa que un agente de IA podría gestionar automáticamente una cadena completa de procesos administrativos, coordinar compras, analizar inventarios, responder incidencias o preparar informes sin necesidad de intervención humana constante.
Aunque esta tecnología todavía se encuentra en una fase inicial de despliegue, el interés empresarial resulta evidente. El estudio señala que el 83 % de las organizaciones considera que la IA agéntica tendrá un impacto importante en la transformación de sus negocios, mientras que casi dos tercios ya han iniciado proyectos piloto para evaluar sus posibilidades.
Los agentes autónomos de IA se encuentran en fases muy iniciales
Pero esto es solo un principio y el comienzo de un nuevo, ya que apenas un 3 % de las empresas reconoce estar plenamente preparada para implantar este tipo de soluciones de forma generalizada. Todavía queda tiempo para poder afirmar que hay madurez con los agentes, ya que se necesita una buena base de datos fiables, procesos bien definidos, plataformas integradas y, sobre todo, mecanismos sólidos de supervisión que permitan controlar las decisiones adoptadas por los sistemas. Es decir, comienza un nuevo ciclo, como en su momento lo hiciera la IA generativa.
Y esto implica otra revisión de la gobernanza y nuevas mentalidades. En este sentido, el informe mantiene que menos de la mitad de las empresas ha designado un responsable específico para coordinar la estrategia de IA, mientras que solo una minoría ofrece formación sistemática a sus directivos sobre las oportunidades y riesgos asociados a esta tecnología. Tampoco es habitual que los indicadores relacionados con la adopción de inteligencia artificial formen parte de los objetivos de los equipos directivos. Únicamente una minoría aplica un enfoque transversal que permita integrar la IA en el conjunto de la organización.
Un camino de dos años
A partir de aquí, el timing que predicen los expertos dice que hay que estar atentos a los dos próximos años, ya que en ese periodo aumentará de forma significativa el número de empresas que desarrollen plataformas comunes capaces de dar soporte a múltiples procesos de negocio en lugar de limitarse a resolver necesidades concretas.
Esta evolución también responde a una cuestión económica. Centralizar las capacidades de inteligencia artificial permite compartir infraestructuras, reducir costes, reutilizar modelos y acelerar el desarrollo de nuevos proyectos, generando un retorno de la inversión mucho mayor.
La inteligencia artificial entra así en una etapa marcada menos por el impacto mediático y más por la transformación silenciosa de los procesos empresariales. El desafío ya no consiste únicamente en incorporar herramientas capaces de generar textos o responder preguntas, sino en construir organizaciones donde personas y sistemas inteligentes colaboren de forma coordinada, segura y eficiente.

