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La Fed de Warsh: el cambio que puede transformar la política monetaria de Estados Unidos

Fed de Warsh

La llegada de Kevin Warsh a la Reserva Federal prometía abrir una nueva etapa en la política monetaria estadounidense. Los mercados esperaban un presidente más dispuesto a reducir los tipos de interés y una institución favorable a unas condiciones financieras más relajadas. Sin embargo, sus primeros movimientos apuntan hacia un escenario bastante más complejo.

La primera reunión del Comité Federal de Mercado Abierto (FOMC) presidida por Warsh terminó con una decisión unánime de mantener los tipos de interés. Al mismo tiempo, la Fed mostró una mayor sensibilidad ante la inflación y puso en marcha una revisión de sus propias prácticas. La denominada “Doctrina Warsh” empieza así a perfilarse de una manera diferente a la inicialmente descontada por los mercados.

El análisis de Funcas Intelligence sostiene que el verdadero cambio podría encontrarse menos en los tipos y más en la propia filosofía de funcionamiento del banco central estadounidense. Warsh pretende combinar una mayor disposición a reducir el precio del dinero cuando las circunstancias lo permitan con una Reserva Federal más pequeña, menos intervencionista y con un balance más reducido.

Qué es la “Doctrina Warsh” y por qué importa a los mercados

La filosofía monetaria atribuida a Warsh parte de una idea relativamente sencilla: recuperar un marco de actuación más claro y disciplinado.

Desde la crisis financiera de 2008, la Reserva Federal ha adquirido un enorme protagonismo dentro de los mercados. Los programas de flexibilización cuantitativa, las líneas extraordinarias de liquidez, las orientaciones prospectivas y otras herramientas han convertido al banco central en un actor mucho más presente en el sistema financiero.

Warsh cuestiona esta evolución. Su planteamiento busca que la política monetaria estadounidense vuelva a depender en mayor medida de los tipos de interés y menos de las intervenciones realizadas a través del balance de la Fed.

La propuesta resulta atractiva para intereses muy diferentes. La Casa Blanca puede encontrar en Warsh una mayor disposición a bajar los tipos; los mercados pueden anticipar condiciones financieras más favorables; y quienes llevan años cuestionando el intervencionismo de la Fed encuentran una oportunidad para reducir el tamaño y la influencia del banco central. El problema es que Warsh no decide solo.

El FOMC pone límites al poder del nuevo presidente de la Fed

Este es uno de los elementos fundamentales para comprender qué puede ocurrir durante su mandato.

La Reserva Federal no funciona como un banco central dirigido unilateralmente por su presidente. Las decisiones de política monetaria corresponden al FOMC y Warsh se ha encontrado con un comité más preocupado por la inflación de lo que anticipaban los mercados.

Su primera reunión lo demostró. El 17 de junio, el FOMC decidió por unanimidad mantener el rango objetivo de los fondos federales entre el 3,5% y el 3,75%. Además, las previsiones presentadas resultaron menos acomodaticias de lo esperado. La mediana de los participantes situaba la inflación PCE de 2026 en el 3,6%, la subyacente en el 3,3%, el desempleo en el 4,3% y los fondos federales en el 3,8%.

Con una economía que continúa creciendo, un mercado laboral resistente y una inflación todavía claramente por encima del objetivo, justificar fuertes bajadas de tipos resulta complicado.

La inflación se convierte en la primera prueba para Warsh

La llegada del nuevo presidente coincide además con un escenario económico especialmente delicado.

La crisis energética desencadenada por el conflicto con Irán ha introducido nuevos riesgos inflacionistas. Aunque las tensiones geopolíticas se han moderado, permanece la preocupación por que los mayores costes energéticos puedan ralentizar el proceso de desinflación.

La reacción inicial de Warsh ha sido apostar por la prudencia. Su primera reunión al frente de la institución fue, según Funcas, una señal de continuidad más que de ruptura. El nuevo presidente subrayó la importancia de preservar la credibilidad de la Fed frente a la inflación y mantuvo el principio de que las decisiones dependerán de los datos y de la evolución de las condiciones económicas.

Los mercados tomaron nota: los rendimientos de los bonos del Tesoro aumentaron inicialmente y las expectativas de nuevos recortes durante 2026 se alejaron.

La inteligencia artificial entra en el debate sobre los tipos de interés

Existe otro elemento novedoso en la visión de Warsh: la inteligencia artificial. El presidente de la Fed ha planteado que las ganancias de productividad asociadas a la IA podrían incrementar la oferta de la economía y crear condiciones que justificasen tipos de interés inferiores.

Pero dentro del FOMC existen dudas. Aunque el comité ha reconocido el fuerte crecimiento de la productividad y de la inversión de capital, no considera que estos factores sean suficientes por ahora para justificar una relajación de la política monetaria. Además, algunos responsables de la Fed creen que los efectos iniciales de la IA podrían ser incluso inflacionistas debido a las gigantescas inversiones necesarias en centros de datos, energía, semiconductores e infraestructuras.

La paradoja resulta especialmente interesante: una tecnología que a largo plazo puede reducir costes mediante fuertes ganancias de productividad necesita inicialmente una enorme movilización de capital y recursos.

Reducir el balance de la Reserva Federal puede ser el gran cambio

Si Warsh encuentra dificultades para conseguir grandes bajadas de tipos, existe otro terreno donde podría disponer de mayor margen: el balance de la Reserva Federal.

Entre junio de 2022 y diciembre de 2025, el FOMC redujo su cartera de activos en más de 2,2 billones de dólares. Warsh pretende profundizar en esa dirección y disminuir la presencia estructural del banco central en los mercados financieros.

Aquí puede encontrarse uno de los cambios más relevantes de su mandato. Durante los últimos años, inversores y entidades financieras se han acostumbrado a una Fed capaz de desplegar importantes instrumentos de liquidez cuando aparecen situaciones de tensión. Una institución con menor balance y más reticente a intervenir modificaría parcialmente esa relación.

El desafío consiste en reducir los activos sin provocar problemas en el funcionamiento del sistema financiero. Los bancos necesitan disponer de reservas suficientes y una retirada demasiado agresiva podría generar tensiones.

Una Reserva Federal menos intervencionista

El planteamiento de Warsh va más allá de una discusión técnica sobre el tamaño del balance. En el fondo existe una reflexión sobre cuál debe ser el papel de la Reserva Federal en la economía estadounidense.

Warsh considera que la institución se ha alejado de su mandato original y ha adquirido demasiada presencia en los mercados desde la crisis financiera. Su intención sería devolver protagonismo a los instrumentos monetarios tradicionales y reducir la dependencia de mecanismos extraordinarios.

Esto puede tener consecuencias en la próxima crisis. Una Fed menos intervencionista podría establecer un umbral más elevado antes de activar líneas extraordinarias de liquidez, intervenir en apoyo de instituciones financieras no bancarias o habilitar líneas de swap de dólares con otros bancos centrales.

Para los mercados, esto supondría convivir con una red de seguridad potencialmente menos predecible.

La independencia de la Fed, otra prueba para Kevin Warsh

Existe además una cuestión institucional especialmente sensible.

Warsh asume la presidencia en un contexto de presión política para reducir los tipos de interés. El presidente Trump ha defendido un precio del dinero inferior, lo que significa que cada decisión del nuevo responsable de la Fed será examinada también desde la perspectiva de la independencia del banco central.

La credibilidad es uno de los activos fundamentales de cualquier banco central. Si los inversores interpretasen que las decisiones monetarias responden a intereses políticos y no a la evolución de la inflación, el empleo y la economía, podría deteriorarse la capacidad de la Reserva Federal para influir sobre las expectativas.

Por ello, uno de los mayores desafíos de Warsh será combinar su proyecto de reforma con la preservación de la independencia y credibilidad institucional.

Europa también debe prestar atención a la Fed de Warsh

Lo que ocurra en Washington tendrá consecuencias mucho más allá de Estados Unidos.

Una Fed claramente acomodaticia podría debilitar el dólar, aliviar las condiciones financieras internacionales y proporcionar al BCE mayor margen para reducir sus propios tipos.

Sin embargo, el escenario que plantea Funcas es distinto. Una Reserva Federal que reduzca su intervención antes de relajar significativamente los tipos podría aumentar la volatilidad de la financiación internacional. Bancos, gobiernos y empresas europeas podrían encontrarse ante un respaldo del dólar menos predecible durante futuras situaciones de tensión.

Por eso, el verdadero legado de Warsh quizá no termine midiéndose únicamente por cuántos puntos básicos subió o bajó los tipos.

El verdadero cambio puede estar en la propia Reserva Federal

Los primeros pasos de Kevin Warsh sugieren que su presidencia podría ser bastante diferente de lo que inicialmente esperaban los mercados.

La Fed de Warsh puede terminar siendo menos acomodaticia de lo previsto, más vigilante frente a la inflación y, sobre todo, menos dispuesta a utilizar permanentemente su balance como instrumento de intervención económica.

De hecho, sus primeras medidas se han dirigido fundamentalmente hacia dentro. Warsh ha creado cinco grupos de trabajo centrados en comunicaciones, política de balance, fuentes de datos, productividad y empleo y marcos de inflación para revisar progresivamente el modelo operativo de la institución.

La gran cuestión, por tanto, no es únicamente cuándo bajará los tipos la Reserva Federal. Es qué tipo de Reserva Federal pretende construir Kevin Warsh.

Si consigue avanzar en su agenda, Estados Unidos podría pasar hacia un banco central con un balance más reducido, mayor protagonismo de los tipos de interés y más prudencia a la hora de intervenir en los mercados.

Y ese cambio de filosofía podría terminar teniendo consecuencias mucho más profundas para la economía mundial que una simple bajada del precio del dinero.

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