Cada 22 de febrero, el calendario sanitario pone el foco en una patología poco frecuente, pero de enorme impacto clínico: la encefalitis. Pensando ya en el próximo Día Mundial de la Encefalitis, los especialistas insisten en la necesidad de reconocer de forma temprana esta inflamación del tejido cerebral, que puede evolucionar con rapidez y dejar secuelas permanentes. Este es el mensaje que lanza para Directivos y Empresas la doctora Rebeca Fernández desde el servicio de Neurología del Hospital Universitario La Luz. La especialista recalca que el principal reto no es solo tratar la enfermedad, sino detectarla a tiempo.
La encefalitis implica la afectación directa del cerebro, el órgano que coordina todas las funciones vitales y cognitivas, por lo que cualquier retraso diagnóstico puede tener consecuencias graves.
En España se estiman en torno a 1.200 casos al año. Aunque la incidencia es baja —entre 1,4 y 13,8 casos por cada 100.000 habitantes—, su impacto clínico es significativo: más de uno de cada cinco pacientes puede presentar secuelas neurológicas tras la fase aguda. Los extremos de edad, especialmente lactantes y personas mayores, concentran el mayor riesgo.
Síntomas de la encefalitis
Ahora bien, para detectar esta enfermedad a tiempo, se deben conocer cuáles son sus síntomas, algo que no es sencillo, pues durante sus fases iniciales, la encefalitis puede pasar desapercibida o confundida.
Por ello, la neuróloga recomienda prestar atención a posibles síntomas como dolor de cabeza intenso, fiebre o malestar general si estos están acompañados de alteraciones en el comportamiento, desorientación, crisis epilépticas, somnolencia marcada o dificultades en el habla. Cuando una fiebre intensa deriva en estas situaciones, se deben encender las alarmas. Ante este tipo de cuadro, la actuación médica urgente es imprescindible. “La encefalitis es una urgencia médica que requiere actuación inmediata”, explica la doctora.
Herpes, una posible causa de la encefalitis
En el ámbito infeccioso, los virus —particularmente los pertenecientes a la familia del herpes— siguen siendo una de las causas más habituales. La mejora en las técnicas de diagnóstico por imagen y en los estudios del líquido cefalorraquídeo ha permitido identificar con mayor precisión estos casos y comenzar tratamientos antivirales de forma precoz, lo que mejora de manera sustancial el pronóstico.
Vinculación a enfermedades autoinmunes
No obstante, la infección no es el único origen posible. En los últimos años ha aumentado el reconocimiento de las encefalitis de origen inmunológico. En estos casos, el propio sistema defensivo del organismo reacciona de forma inadecuada contra estructuras cerebrales. Este mecanismo puede aparecer vinculado a enfermedades autoinmunes, trastornos hematológicos o incluso a determinados tumores, a veces muchos años después de haber sido tratados.
El desarrollo de técnicas para detectar anticuerpos específicos y biomarcadores ha supuesto un punto de inflexión en este campo. Gracias a estas herramientas, es posible diferenciar con mayor precisión entre causas infecciosas e inmunomediadas, ajustando así el tratamiento —antivirales, inmunoterapia o combinación de ambos— de forma más eficaz.
La doctora Fernández subraya que la rapidez en la intervención marca la diferencia. La inflamación cerebral prolongada puede traducirse en déficits cognitivos, trastornos de memoria, alteraciones motoras o epilepsia secundaria. Por ello, insiste en que ante cualquier sospecha es fundamental activar un protocolo diagnóstico inmediato que incluya pruebas de imagen, análisis específicos y valoración neurológica especializada.
La concienciación es otro pilar clave. Conocer los síntomas de alerta, revisar antecedentes médicos y no minimizar cambios neurológicos bruscos puede contribuir a un diagnóstico temprano. En enfermedades donde “el tiempo es cerebro”, cada hora cuenta.

