La Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica (EPOC) continúa siendo una de las patologías respiratorias con mayor impacto sobre la calidad de vida de quienes la padecen. La dificultad para respirar, la fatiga y la pérdida progresiva de capacidad funcional condicionan el día a día de millones de personas, especialmente de edad avanzada.
Al margen del tratamiento farmacológico, los especialistas insisten en que mantenerse activo constituye una de las intervenciones terapéuticas más eficaces para preservar la autonomía y mejorar la capacidad respiratoria. Caminar de forma habitual, adaptando la intensidad a las posibilidades de cada paciente, puede marcar una diferencia significativa en la evolución de la enfermedad. Eso sí, en verano hay que tomar ciertas medidas, tal y como indica para Directivos y empresas, el doctor Luis Manuel Entrenas, jefe del Servicio de Neumología del Hospital Quirónsalud Córdoba.
Las altas temperaturas, la radiación solar y fenómenos atmosféricos como la calima pueden convertir una actividad beneficiosa en un riesgo.
Doctor Luis Manuel Entrenas.
El ejercicio físico, un tratamiento muy eficaz para la EPOC
Así que hay que adaptar el ejercicio físico al verano. Y lo mejor es caminar durante las primeras horas de la mañana y el final de la tarde. En estos momentos, con las temperaturas más suaves, el organismo soporta mejor el esfuerzo. Por el contrario, realizar ejercicio durante las horas centrales del día incrementa el riesgo de deshidratación, agotamiento por calor y empeoramiento de los síntomas respiratorios.
Entrenas aconseja aconseja consultar las alertas meteorológicas y evitar la actividad física en el exterior cuando se registren episodios de calor extremo.
La calima, otro enemigo para los pacientes respiratorios
Además del calor, el verano trae consigo otro fenómeno especialmente perjudicial para quienes padecen enfermedades pulmonares: la calima. La llegada de masas de aire cargadas de partículas de polvo procedentes del desierto favorece un aumento de la contaminación atmosférica y puede desencadenar un empeoramiento de la función respiratoria.
«La calima puede favorecer exacerbaciones de la EPOC, por lo que es recomendable evitar el ejercicio en el exterior durante esos días», advierte el doctor. En estas situaciones, el experto recomienda sustituir los paseos al aire libre por actividad física en espacios interiores bien climatizados siempre que sea posible.
Cada paciente necesita un plan personalizado
Hidratarse y usar una ropa apropiada son recomiendaciones que se les puede hacer a todas las personas con EPOC que vayan a caminar en el verano, sin embargo hay factores que requieren personalizar este plan porque no todos presentan el mismo grado de limitación respiratoria. El neumólogo sostiene que el objetivo no consiste en alcanzar un rendimiento elevado desde el primer día, sino en incorporar progresivamente la actividad física a la rutina diaria.
«Cada paciente debe realizar el esfuerzo que sea capaz de tolerar. Es normal que al principio exista una mayor limitación, pero la intensidad puede incrementarse progresivamente conforme mejora la capacidad física», explica.
La pérdida de masa muscular asociada tanto al envejecimiento como a la propia enfermedad hace que los primeros días resulten especialmente exigentes. Sin embargo, abandonar el ejercicio por esa dificultad inicial supone renunciar a uno de los tratamientos más eficaces disponibles.
Caminar, la mejor opción para empezar
Entre todas las modalidades de ejercicio, caminar continúa siendo la recomendación más sencilla, accesible y segura para la mayoría de los pacientes.
Lo ideal es realizar los paseos sobre superficies llanas, evitando pendientes pronunciadas o recorridos con numerosos escalones.
Precisamente subir escaleras constituye uno de los esfuerzos que con mayor frecuencia provoca sensación de falta de aire en las personas con EPOC, ya que implica un trabajo físico de elevada intensidad.
Como referencia general, los especialistas aconsejan alcanzar progresivamente entre 20 y 60 minutos de ejercicio aeróbico durante tres o cinco días a la semana, manteniendo una intensidad moderada equivalente aproximadamente al 60-80 % de la capacidad máxima de esfuerzo.
A este trabajo cardiovascular conviene añadir ejercicios de fortalecimiento muscular dirigidos especialmente a brazos y piernas, ya que contribuyen a mejorar la capacidad funcional y la autonomía.
En pacientes con mayor limitación física, una alternativa eficaz consiste en dividir la actividad en varias sesiones cortas distribuidas a lo largo del día.
Saber cuándo detenerse también es importante
Tan importante como mantenerse activo es reconocer las señales que indican la necesidad de interrumpir el ejercicio.
La aparición de una intensa sensación de falta de aire que no mejora con el reposo, dolor en el pecho, mareos, sensación de desmayo, palpitaciones intensas o una disminución importante de la saturación de oxígeno en quienes utilizan pulsioxímetro deben motivar la suspensión inmediata de la actividad y la valoración por un profesional sanitario.
Los especialistas recuerdan además que las personas que utilizan oxigenoterapia domiciliaria o presentan enfermedades cardíacas asociadas necesitan planes de ejercicio específicamente adaptados y supervisados por su equipo médico.

