La oftalmología es una de las especialidades médicas que más ha evolucionado gracias a la innovación tecnológica. Equipos diagnósticos de alta precisión, sistemas de planificación digital y técnicas mínimamente invasivas han permitido aumentar la seguridad de las intervenciones y mejorar los resultados visuales.
Esta evolución está haciendo posible que cada vez más personas puedan prescindir de gafas y lentillas sin renunciar a una visión de calidad. Lo cierto es que a muchos pacientes les asaltas las dudas sobre si son candidatos a realizarse una cirugía refractiva para corregir sus problemas de visión. El doctor Alfredo Castillo, jefe del Servicio de Oftalmología de Olympia Quirónsalud, deja claras todas las cuestiones.
Para empezar, el especialista asegura para Directivos y Empresas que “la cirugía refractiva ha evolucionado enormemente en las últimas décadas y hoy disponemos de técnicas muy precisas, seguras y personalizadas para corregir miopía, hipermetropía y astigmatismo”. Habla alguien que acumula más de tres décadas de experiencia y formación internacional en centros de referencia como Harvard Medical School.
Es imprescindible llevar a cabo un estudio previo del paciente antes de someterse a una cirugía refractiva
La primera pregunta que suelen plantear los pacientes es si cualquier persona puede someterse a una cirugía refractiva. La respuesta del doctor Castillo es que no existe una solución universal. Aunque la mayoría de quienes presentan defectos refractivos pueden beneficiarse de alguna técnica disponible, es imprescindible realizar previamente un estudio oftalmológico completo. En esa evaluación se analizan aspectos como el grosor de la córnea, la estabilidad de la graduación, la calidad de la lágrima, la edad o incluso los hábitos de vida del paciente.
Para dar el visto bueno a la operación, la graduación debe permanecer estable durante al menos un año antes de plantear la intervención. Además, es necesario descartar determinadas patologías oculares que podrían condicionar el resultado.
Explica el especialista de Olympia que actualmente existen diversas alternativas quirúrgicas, desde técnicas láser como LASIK, PRK o SMILE hasta la implantación de lentes intraoculares fáquicas o procedimientos combinados adaptados a cada caso. “La cirugía actual permite personalizar completamente el tratamiento. No todos los ojos son iguales y tampoco todas las técnicas son adecuadas para todos los pacientes”, explica Castillo.
El miedo al dolor sigue siendo una de las principales barreras
La posibilidad de una intervención en los ojos suele generar inquietud. De hecho, el temor al dolor continúa siendo una de las razones más frecuentes por las que muchas personas retrasan la decisión de operarse. Sin embargo, la realidad dista mucho de esa percepción, asegura el experto. La cirugía refractiva se realiza habitualmente con anestesia tópica administrada mediante gotas y la intervención suele durar apenas unos minutos por cada ojo.
En la mayoría de los casos, los pacientes no experimentan dolor durante el procedimiento. Algunas técnicas, como la PRK, pueden provocar ciertas molestias durante las horas posteriores, incluyendo sensación de arenilla, lagrimeo o mayor sensibilidad a la luz, pero suelen remitir rápidamente.
La recuperación resulta generalmente cómoda y muchos pacientes destacan la rapidez con la que vuelven a realizar actividades cotidianas.
Recuperar la visión en cuestión de horas
Otra de las dudas más habituales tiene que ver con el tiempo necesario para volver a ver con normalidad. La respuesta depende de la técnica empleada y de las características individuales de cada paciente. En procedimientos como LASIK, la mejoría visual suele ser muy rápida y muchas personas recuperan una visión funcional entre las primeras 24 y 48 horas tras la intervención.
En otras técnicas superficiales, como la PRK, el proceso puede requerir algunos días adicionales hasta alcanzar una recuperación completa. Uno de los procedimientos que ofrece una recuperación especialmente rápida es la implantación de lentes intraoculares fáquicas, una alternativa cada vez más utilizada en pacientes con graduaciones elevadas.
En el caso de Olympia Quirónsalud, además, la intervención puede realizarse en ambos ojos durante la misma sesión quirúrgica, permitiendo que muchos pacientes perciban una mejora significativa de la visión prácticamente desde el momento de la operación. “El objetivo no consiste únicamente en dejar de depender de las gafas o las lentillas, sino en conseguir una calidad visual adaptada a las necesidades de cada persona”, subraya el especialista.
Dr. Alfredo Castillo.
Las altas graduaciones ya no son un obstáculo
Durante años, las personas con muchas dioptrías disponían de opciones limitadas para corregir su visión. Sin embargo, los avances tecnológicos han ampliado notablemente las posibilidades.
Las lentes intraoculares fáquicas han revolucionado el tratamiento de las miopías elevadas y de aquellos casos en los que la córnea no reúne las condiciones adecuadas para una cirugía láser.
Estas lentes se implantan en el interior del ojo sin necesidad de extraer el cristalino, permitiendo corregir graduaciones muy altas con excelentes resultados visuales.
“Hoy podemos tratar casos que hace apenas unos años resultaban mucho más complejos. Las lentes fáquicas ofrecen una gran calidad visual y son una solución muy eficaz para numerosos pacientes jóvenes”, explica el doctor Castillo.
¿Son permanentes los resultados?
La última gran cuestión gira en torno a la durabilidad de la intervención. Castillo mantiene que la corrección obtenida mediante cirugía refractiva suele mantenerse estable durante muchos años. No obstante, conviene recordar que el ojo continúa evolucionando con el paso del tiempo. Procesos naturales asociados al envejecimiento, como la presbicia o vista cansada, pueden aparecer posteriormente independientemente de que el paciente se haya sometido a cirugía refractiva.
“La intervención corrige el defecto visual existente en ese momento, pero el envejecimiento ocular sigue su curso natural”, aclara el oftalmólogo.

