Los datos que más importan a la población en la lucha contra el cáncer son los relativos a las tasas de supervivencia, así como a la calidad de vida de las personas que reciben tratamiento para su enfermedad. Afortunadamente, estos parámetros son hoy mejores que hace años gracias a la combinación de tres elementos clave que señala la doctora María Jesús Rubio, jefa del servicio de Oncología Médica del Hospital Quirónsalud Córdoba. La experta hace referencia a la innovación científica, las estrategias de prevención cada vez más eficaces y un abordaje médico centrado en la persona como las claves de esta mejora.
Hoy, en el marco del Día Mundial contra el Cáncer, se puede hablar con un tono de esperanza desde la reflexión de especialistas como esta médico del centro andaluz. Hay más supervivencia en el cáncer y, lo que es más importante, más casos de curación.
Doctora María Jesús Rubio.
El avance científico está detrás de la supervivencia del cáncer
Analizando estas claves, la doctora sostiene que “cada avance científico es una oportunidad real para cambiar la historia del cáncer y ofrecer más opciones a los pacientes”. Su visión resume un cambio de paradigma que ya es tangible en la práctica clínica: el cáncer ha dejado de ser una enfermedad homogénea para convertirse en un conjunto de patologías muy diversas, cada una con su propia biología, evolución y respuesta al tratamiento.
Este giro ha sido posible gracias a la investigación. El desarrollo de nuevas dianas terapéuticas, la irrupción de la inmunoterapia y el perfeccionamiento de las terapias dirigidas han permitido tratamientos más precisos, con mayor eficacia y menos efectos secundarios. En paralelo, el diagnóstico molecular se ha consolidado como una herramienta esencial para comprender el comportamiento de cada tumor y diseñar estrategias terapéuticas personalizadas. “Hoy no se entiende tratar un cáncer sin conocer su biología molecular”, subraya la doctora Rubio. “Identificar las alteraciones específicas de cada tumor nos permite elegir el tratamiento más adecuado y modificar de forma decisiva su evolución”.
Más casos de cáncer, pero mejor pronóstico
El cáncer continúa siendo uno de los grandes retos de salud pública. En España, es la segunda causa de muerte, muy próxima ya a las enfermedades cardiovasculares. Según el informe Las cifras del cáncer en España 2025, elaborado por la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM) junto a la Red Española de Registros de Cáncer (REDECAN), se estima que durante este año se diagnostiquen alrededor de 296.000 nuevos casos, lo que supone un incremento del 3,3 % respecto a 2024.
Este aumento no responde necesariamente a un empeoramiento de la situación, sino a factores estructurales como el envejecimiento de la población y la exposición prolongada a hábitos de riesgo, entre ellos el consumo de tabaco y alcohol, la obesidad o el sedentarismo. A ello se suma una mayor capacidad diagnóstica, que permite detectar tumores que antes pasaban inadvertidos.
Los cánceres con mayor incidencia en España siguen siendo el colorrectal, el de mama, pulmón, próstata y vejiga. Sin embargo, frente al aumento de diagnósticos, las tasas de mortalidad han ido descendiendo de forma progresiva. La doctora Rubio explica que esta aparente paradoja se debe a la mejora del diagnóstico precoz y a la eficacia creciente de los tratamientos. “Detectar antes significa tratar mejor y con mayores probabilidades de éxito”, señala. De hecho, los avances en cirugía, radioterapia, inmunoterapia y terapias personalizadas no solo están aumentando la supervivencia, sino también mejorando de forma muy significativa la calidad de vida de los pacientes.
La prevención como primera línea de defensa
Aunque la investigación y el tratamiento son pilares fundamentales, la prevención sigue siendo la herramienta más poderosa frente al cáncer. Una parte importante de los tumores puede evitarse o diagnosticarse en fases muy iniciales mediante hábitos de vida saludables y programas de cribado eficaces.
La especialista insiste en la necesidad de promover una alimentación equilibrada, la práctica regular de ejercicio físico y la reducción del consumo de alcohol y tabaco. A ello se suma el papel clave de las campañas de vacunación frente a infecciones asociadas al desarrollo de ciertos tumores, como el virus del papiloma humano (VPH) o la hepatitis B.
Igualmente relevantes son los programas de detección precoz. Mamografías, citologías, colonoscopias y otras pruebas de cribado han demostrado su capacidad para reducir la mortalidad al identificar lesiones en estadios tempranos, cuando el tratamiento es menos agresivo y mucho más eficaz.
“No debemos ignorar síntomas persistentes ni posponer revisiones”, advierte la doctora Rubio. “Consultar a tiempo puede salvar vidas”.
Oncología personalizada y trabajo en equipo
La Oncología Médica avanza hacia un modelo cada vez más preciso y personalizado. La identificación de biomarcadores permite clasificar los tumores más allá de su localización anatómica y tratarlos en función de sus características moleculares. Este enfoque está cambiando no solo los resultados clínicos, sino también la forma de organizar la atención sanitaria.
“El abordaje del cáncer debe ser multidisciplinar”, explica la jefa del servicio de Oncología Médica de Quirónsalud Córdoba. Oncólogos, cirujanos, radiólogos, patólogos, genetistas, enfermería especializada y psicólogos trabajan de forma coordinada para ofrecer una atención integral, centrada en la persona y no solo en la enfermedad. Este modelo permite tomar decisiones más precisas y acompañar al paciente en todas las fases del proceso.
El impacto emocional del cáncer
Más allá del tratamiento médico, el diagnóstico de cáncer tiene un profundo impacto emocional. Ansiedad, miedo, alteraciones del sueño o depresión son frecuentes y pueden influir de manera directa en la evolución de la enfermedad y en la tolerancia a los tratamientos. “La relación entre cuerpo y mente es fundamental”, señala la doctora Rubio. “El estado emocional puede agravar síntomas como el dolor o la fatiga y reducir la eficacia de la quimioterapia”.
Por ello, defiende la incorporación del apoyo psicológico desde el momento del diagnóstico y a lo largo de todo el proceso terapéutico, tanto para los pacientes como para sus familias.

