La combinación de inmunoterapia y tratamiento dirigido contra las células tumorales antes de la cirugía, seguida de inmunoterapia posterior, mejora los resultados clínicos en determinados pacientes con cáncer de vejiga músculo-invasivo que no pueden recibir quimioterapia basada en cisplatino. Así lo muestran los resultados del ensayo internacional de fase III VOLGA, publicados en The New England Journal of Medicine y presentados en sesión plenaria durante el Congreso de la Sociedad Europea de Oncología Médica (ESMO) de 2026.
En esta investigación ha participado el doctor Enrique Grande, jefe del Servicio de Oncología Médica del Hospital Ruber Internacional y director de One Oncology Madrid, del grupo Quirónsalud, como segundo autor y miembro del comité científico directivo del estudio. El ensayo, desarrollado en 229 centros de 25 países y con 695 pacientes, evalúa nuevas estrategias terapéuticas para una enfermedad en la que el riesgo de recaída después de la intervención quirúrgica continúa siendo uno de los principales desafíos clínicos.
La investigación plantea una alternativa para pacientes que no pueden recibir quimioterapia convencional o que han decidido no hacerlo. Sus resultados apuntan a que la incorporación de tratamientos sistémicos antes y después de la cirugía puede mejorar tanto el control de la enfermedad como la supervivencia.
“Para mí es un enorme orgullo y un verdadero honor haber contribuido, junto a investigadores de tantos países y, sobre todo, gracias a la generosidad de los pacientes y sus familias, a un estudio que puede cambiar para mejor el tratamiento del cáncer de vejiga”, destaca el Dr. Grande.
VOLGA: una alternativa para pacientes con cáncer de vejiga que no pueden recibir cisplatino
El cáncer de vejiga músculo-invasivo se caracteriza porque el tumor ha alcanzado la capa muscular de la pared de la vejiga. En estos casos, la cistectomía radical, una intervención que consiste en extirpar la vejiga, constituye una de las principales opciones terapéuticas. Sin embargo, la cirugía no elimina por completo el riesgo de que la enfermedad reaparezca, por lo que mejorar los resultados a largo plazo es una prioridad en la investigación oncológica.
Tradicionalmente, una de las estrategias empleadas consiste en administrar quimioterapia basada en cisplatino antes de la operación. No obstante, determinados pacientes no pueden recibir este tratamiento por problemas de función renal u otras circunstancias clínicas. Este grupo necesita alternativas que permitan combatir la enfermedad sin depender de la quimioterapia convencional.
«VOLGA nos ofrece una nueva opción para pacientes con cáncer de vejiga que infiltra la capa muscular y que no pueden recibir cisplatino o han decidido no hacerlo. Los resultados muestran que podemos mejorar el control de la enfermedad antes de la cirugía y aumentar la supervivencia incorporando tratamientos antes y después de la intervención», explica el jefe de Servicio de Oncología Médica del Hospital Ruber Internacional.
El ensayo evaluó una estrategia basada en durvalumab, un fármaco de inmunoterapia que ayuda al sistema inmunitario a reconocer y combatir las células tumorales, y enfortumab vedotina, un medicamento dirigido que transporta un agente antitumoral hacia las células cancerosas. Ambos se administran antes de la cirugía, mientras que el tratamiento con durvalumab continúa después de la intervención.
Más pacientes vivos y sin recaída a los dos años
Los resultados del ensayo muestran diferencias relevantes entre la nueva estrategia y la cirugía sola. A los dos años, el 63,5% de los pacientes tratados con durvalumab y enfortumab vedotina antes de la operación, seguidos de inmunoterapia posterior, permanecían vivos y sin progresión, recaída u otros acontecimientos definidos en el estudio. En el grupo que recibió únicamente cirugía, esta proporción fue del 45,1%.
La supervivencia global estimada a los dos años también fue superior con la nueva combinación: alcanzó el 78,4%, frente al 69,4% registrado entre los pacientes sometidos exclusivamente a cirugía.
Estos datos respaldan el potencial de la estrategia para mejorar los resultados en pacientes que no pueden recibir cisplatino. La investigación también evaluó una segunda combinación que incorporaba tremelimumab, otro fármaco de inmunoterapia. Aunque esta alternativa mejoró significativamente la supervivencia libre de eventos frente a la cirugía sola, no demostró una mejora estadísticamente significativa de la supervivencia global en el análisis presentado.
Menos exposición al tratamiento y atención a la calidad de vida
Además de mejorar el control de la enfermedad, VOLGA plantea una cuestión relevante para la práctica clínica: cuánto tiempo debe mantenerse cada medicamento para obtener el beneficio esperado sin añadir una carga innecesaria al paciente.
En la estrategia evaluada, el enfortumab vedotina se administra durante tres ciclos antes de la cirugía y no se prolonga después de la intervención. La inmunoterapia con durvalumab, por su parte, continúa en la fase posterior. Este planteamiento permite concentrar la exposición al tratamiento dirigido en el periodo previo a la operación.
«Pero, además de vivir más tiempo, nos importa cómo viven nuestros pacientes ese tiempo. En VOLGA, el enfortumab vedotina se administra durante tres ciclos antes de la operación, sin prolongarlo después de la cirugía. Esto abre la posibilidad de reducir la exposición a este tratamiento y la carga que supone para los pacientes, con menos visitas para recibirlo y, sobre todo, limitando las toxicidades y complicaciones asociadas a este fármaco, como las alteraciones de la glucosa, las reacciones cutáneas o la pérdida de sensibilidad y fuerza», señala el especialista.
La reducción de la exposición a un medicamento puede ser relevante para quienes deben afrontar un proceso terapéutico complejo, con intervenciones, controles médicos y posibles efectos secundarios. No obstante, la duración y la combinación de los tratamientos deben responder a la evidencia clínica y a las necesidades individuales de cada paciente.

