Hoy es el Día Mundial de la Salud Bucodental. Más allá de tener una buena sonrisa e higiene bucal – mensajes típicos en esta jornada – los especialistas quieren ir más allá señalando que lo que ocurre en nuestra boca puede tener su eco en otras enfermedades.
No en vano, fuentes del Hospital Universitario La Luz de Madrid indican que muchas dolencias cotidianas tienen su origen en problemas bucodentales no diagnosticados. Pedro Losa, responsable del Servicio de Maxilofacial y Odontología de este centro, mantiene que muchas cefaleas tienen su origen en algún problema en la boda y en cuestiones maxilofaciales. Concretamente, el experto sostiene que el dolor orofacial y las alteraciones de la articulación temporomandibular están estrechamente relacionadas con la forma de morder o con desequilibrios en la oclusión dental.
Revisiones necesarias para buscar dolencias que son silenciosas
Así que, una de las claves para evitar esta situación es acudir a un especialista para hacer una revisión bucodental completa. El dolor orofacial no se siempre se identifica correctamente y las personas pueden confundirlo con otros problemas. “Son cuadros que requieren una valoración especializada”, señala el doctor Jorge Guiñales, también responsable del servicio en el centro hospitalario. “Detrás puede haber un problema funcional que, si se trata adecuadamente, mejora notablemente la vida del paciente”.
Esta falta de diagnóstico precoz no solo prolonga el malestar, sino que puede agravar el problema. En un contexto en el que el paciente suele acudir primero a soluciones parciales o a tratamientos aislados, los especialistas insisten en la importancia de un abordaje integral, especialmente cuando se trata de intervenciones complejas.
Dres. Guiñales y Losa.
La diferencia entre una clínica y un hospital en estas revisiones
Uno de los puntos clave que destacan los expertos es la diferencia entre los procedimientos realizados en clínicas dentales convencionales y aquellos que se llevan a cabo en un entorno hospitalario. En España, explican, existe una cultura extendida de someterse a tratamientos implantológicos en consultas externas, habitualmente bajo anestesia local o sedación.
Sin embargo, este tipo de intervenciones puede suponer un elevado estrés físico y emocional para el paciente, además de limitar la capacidad de reacción ante posibles complicaciones. Frente a ello, la anestesia general en quirófano ofrece ventajas claras.
“Trabajar en un entorno hospitalario permite contar con monitorización continua, anestesistas especializados y todos los medios necesarios para garantizar la máxima seguridad”, apunta Guiñales. Para el paciente, esto se traduce en una experiencia más controlada y predecible; para el profesional, en la posibilidad de centrarse plenamente en la cirugía con mayor precisión.
Este enfoque resulta especialmente relevante en casos complejos, como reconstrucciones óseas o implantes avanzados, que pueden resolverse en una única intervención. “Reducir el número de procedimientos no solo mejora la seguridad clínica, sino que también disminuye de forma significativa la ansiedad del paciente”, añade el especialista.
La boca como espejo del organismo
Más allá del dolor o de los tratamientos quirúrgicos, los expertos insisten en un aspecto clave: la boca es un reflejo directo de la salud general. Las enfermedades bucodentales no se limitan al entorno oral, sino que pueden tener consecuencias en todo el organismo.
“Una mala salud de las encías facilita el paso de bacterias al torrente sanguíneo”, advierte el doctor Losa. Este proceso puede incrementar la inflamación sistémica y elevar el riesgo de enfermedades cardiovasculares o complicar patologías como la diabetes. La conexión entre la salud oral y el resto del cuerpo es, por tanto, mucho más estrecha de lo que tradicionalmente se ha considerado.
Pequeños gestos para mantener una buena salud bucodental
Pese a la complejidad de algunos tratamientos, la prevención sigue siendo la herramienta más eficaz. Los especialistas del Hospital Universitario La Luz recuerdan que mantener una buena salud bucodental depende, en gran medida, de hábitos cotidianos.
Cambiar el cepillo dental cada tres meses —o tras un proceso infeccioso—, utilizar hilo dental a diario y cuidar la alimentación son prácticas básicas, pero esenciales. “El cepillo solo limpia alrededor del 60 % de la superficie del diente”, explica Guiñales, subrayando la importancia de complementar la higiene con otros métodos.
La dieta también juega un papel determinante. Los azúcares y los alimentos ultraprocesados favorecen la proliferación de bacterias que generan ácidos, responsables de la caries. A ello se suman las bebidas ácidas, que erosionan directamente el esmalte dental, debilitando la protección natural de los dientes.

