La relación con el dinero empieza mucho antes de tener una cuenta bancaria, realizar una primera inversión o recibir una herencia. Para cuando los hijos comienzan a tomar sus propias decisiones financieras, buena parte de las ideas que condicionarán su comportamiento ya se han formado en el entorno familiar. Cómo hablan sus padres del dinero, cómo reaccionan ante una pérdida, qué importancia conceden al ahorro o qué entienden por éxito y generosidad son mensajes que se transmiten mucho antes de que exista un patrimonio que gestionar.
Con motivo del Día de la Educación Financiera, que se celebró ayer 5 de octubre, UBS ha publicado el informe Financial parenting: Preparing the next generation for financial wellbeing, un análisis que pone el foco precisamente en esa dimensión familiar de las finanzas. El documento estudia cómo las experiencias y conversaciones que se producen en el hogar pueden influir en la confianza, el criterio y el bienestar financiero de los hijos a lo largo de su vida y plantea algunas pautas para preparar a las nuevas generaciones para convertirse en gestores responsables del patrimonio.
“Los hijos heredan mensajes sobre el dinero mucho antes de heredar el patrimonio”, afirma Marianna Mamou, responsable de Advice Beyond Investing en UBS GWM CIO y autora del informe. A su juicio, las conversaciones cotidianas, los comportamientos y las reacciones de los padres ante el dinero terminan moldeando la forma en que los hijos interpretan conceptos como el riesgo, la responsabilidad, el éxito o la generosidad. Por eso, la educación financiera familiar no debería reducirse a explicar conceptos económicos, sino que debería ayudar a desarrollar “el criterio y los comportamientos que sustenten su bienestar financiero a lo largo de toda la vida”.
La conclusión resulta especialmente relevante en un contexto en el que el conocimiento financiero está cada vez más accesible. Saber qué es una inversión, cómo funciona un producto financiero o qué significa asumir determinado nivel de riesgo no garantiza, por sí mismo, que una persona vaya a tomar buenas decisiones. UBS distingue así entre capacidad financiera y comportamiento financiero: conocer no equivale necesariamente a saber decidir.
El verdadero aprendizaje aparece cuando la información se transforma en hábitos, criterio y responsabilidad. En este sentido, el entorno familiar desempeña un papel que va más allá de la transmisión de conocimientos. Los hijos aprenden observando cómo sus padres gestionan la incertidumbre, afrontan los gastos, hablan de sus objetivos o toman decisiones relacionadas con el patrimonio.
Generación Z: el perfil inversor empieza en casa con la educación financiera familiar
El efecto puede apreciarse también entre las nuevas generaciones de inversores. Según el informe, los inversores de la Generación Z tienen más del doble de probabilidades de tener padres que invierten y también es más probable que sus progenitores hayan hablado con ellos sobre inversión. El dato apunta a una transmisión de comportamientos y conversaciones financieras que comienza mucho antes de que los hijos dispongan de una capacidad patrimonial significativa.
La aparición de la inteligencia artificial añade una nueva dimensión a esta educación. Las herramientas de IA permiten acceder rápidamente a explicaciones sobre conceptos financieros y pueden facilitar la búsqueda de información, pero el informe plantea que precisamente por esa abundancia de respuestas resulta cada vez más importante enseñar a razonar. El reto para las familias no consiste únicamente en que los hijos sepan encontrar información, sino en que sean capaces de evaluar su calidad, cuestionar los supuestos sobre los que se construye una recomendación y comprender las consecuencias y riesgos asociados a una decisión.
Esta necesidad de formar criterio adquiere una especial relevancia cuando la conversación familiar gira en torno al patrimonio y las herencias. El informe refleja una brecha entre la importancia que los padres conceden a hablar sobre la transmisión patrimonial y el grado de información que finalmente comparten con sus herederos. El 89% de los baby boomers considera importante hablar con ellos sobre la herencia, pero solo el 39% afirma haberles proporcionado orientación sobre sus intenciones. Más llamativo aún es que únicamente el 17% considera que sus herederos están muy bien informados sobre el patrimonio familiar.
La paradoja se completa con otro dato: el 68% de los padres no ha compartido con sus hijos los detalles de la herencia, pese a que el 95% de los hijos adultos afirma sentirse preparado para gestionar el patrimonio heredado. Entre la percepción de estar preparado y la preparación efectiva puede existir, por tanto, un espacio que la educación financiera familiar debería contribuir a reducir.
La “escalera de divulgación”
Antes de hablar de cifras concretas, el informe plantea trabajar sobre los valores, los comportamientos y las responsabilidades vinculadas al patrimonio. Para ello presenta una denominada “escalera de divulgación”, que parte de los valores y comportamientos, continúa con las responsabilidades familiares y las estructuras de gobernanza y culmina con la información financiera concreta.
El planteamiento supone cambiar el foco de la conversación. Una herencia no debería entenderse únicamente como una transferencia de activos, sino como el comienzo de una responsabilidad. Preparar a los futuros herederos implica explicar qué significa gestionar un patrimonio, qué responsabilidades puede llevar asociadas y qué criterios deberían guiar las decisiones. En ese proceso, la información económica es importante, pero no constituye el único elemento. La educación financiera familiar adquiere así una dimensión más amplia. Se trata de desarrollar conocimientos, pero también resiliencia, gratitud, responsabilidad y capacidad de juicio.

