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La presentación del libro El buen gobierno de la familia empresaria deja claros cuáles son los retos de las empresas familiares

presentación libro El buen gobierno de la familia empresaria

Ayer se presentó el libro El buen gobierno de la familia empresaria (LID) una obra de José Antonio Moreno que pone el foco en los desafíos estructurales, emocionales y estratégicos que afrontan este tipo de organizaciones. El acto reunió a profesionales del ámbito empresarial y académico en torno a una idea central: gobernar bien una empresa familiar no es solo una cuestión de organigramas, sino de visión compartida y compromiso sostenido en el tiempo.

Laura Madrigal, Editorial Manager de la casa, abrió la sesión recordando que las empresas familiares son “parte de la columna vertebral de la economía”. En ellas confluyen apellidos, emociones y balances; el legado pesa tanto como la cuenta de resultados y las decisiones estratégicas no solo impactan en el negocio, sino también en las relaciones personales. Esa doble dimensión —empresarial y familiar— es, a su juicio, la que convierte a estas compañías en estructuras complejas que exigen una gobernanza especialmente cuidada.

Un libro desde la experiencia práctica

El autor de la obra cuenta con más de dos décadas de experiencia acompañando consejos de administración y consejos de familia. Su trayectoria profesional le ha permitido intervenir en procesos de profesionalización, reordenación societaria y sucesiones generacionales, algunos de ellos especialmente delicados.

Lejos de ofrecer un manual teórico, el libro plantea una hoja de ruta con un enfoque práctico. Analiza los grandes retos de la empresa familiar —desde la comunicación interna hasta la planificación sucesoria— y propone herramientas para fortalecer la estructura sin perder la identidad.

Durante la presentación, Moreno estuvo acompañado por Marcelino Lominchar, director ejecutivo de Open Programs en IE Business School, y por Rafael Pampillon, catedrático de Economía en la Universidad CEU San Pablo y también profesor en IE Business School. La mesa redonda derivó en un diálogo ágil y repleto de preguntas en torno a los factores que determinan la continuidad de estas compañías.

Comunicación y sucesión como retos de la empresa familiar

Uno de los mensajes más contundentes del autor fue que “las empresas hacen aguas cuando no hay una buena comunicación”. En el entorno familiar, donde las decisiones empresariales pueden verse contaminadas por dinámicas emocionales, la falta de transparencia y escucha activa multiplica los conflictos. La comunicación no es, por tanto, un complemento, sino un elemento estructural del buen gobierno.

Otro de los grandes riesgos identificados es la ausencia de planificación sucesoria. Según Moreno, la sucesión no puede improvisarse ni limitarse a una decisión unilateral del fundador. Debe estar respaldada por todos los miembros de la familia con determinación y claridad. Además, subrayó la importancia de no mezclar la esfera ejecutiva con la emocional: los roles deben estar definidos y las decisiones deben responder a criterios profesionales.

En su análisis generacional, el autor dibujó una evolución reconocible en muchas empresas familiares. La primera generación suele estar marcada por el esfuerzo y la supervivencia: el fundador es quien “pasó hambre y luchó por sacar adelante el negocio”. La segunda generación, por su parte, tiende a apostar por la formación y la profesionalización, consolidando estructuras y ampliando mercados.

Es en la tercera generación donde surgen nuevos desafíos. Con una empresa ya desarrollada y un entorno más cómodo, el riesgo es caer en la complacencia. Para garantizar la perdurabilidad, esta generación debe ser capaz de reinventar la organización sin traicionar los valores que constituyen su ADN. Innovar sin romper con la identidad se convierte en el gran equilibrio.

Liderazgo y cultura corporativa

De cara al relevo generacional, Moreno insistió en que “el ejemplo es la mejor herramienta para el liderazgo”. En las empresas familiares, el liderazgo no se impone únicamente por jerarquía, sino por coherencia y credibilidad. Los valores se transmiten más por la conducta que por los discursos.

La formación continua, la confianza entre los miembros de la familia y el cuidado de los empleados fueron otros de los ejes destacados durante el encuentro. La empresa familiar no solo compite en el mercado; también construye comunidad interna. Cuando los trabajadores perciben estabilidad, visión y cohesión en la propiedad, el proyecto gana solidez.

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