Directivos y Empresas

Las ciudades deben ser inteligentes más allá de la tecnología

La sostenibilidad es un concepto que, desde hace unos años, se ha puesto de moda. Año tras año buscamos modelos sostenibles, un consumo sostenible, crecimiento sostenible… y, por supuesto, ciudades sostenibles, o “smart cities”. 

Y es una moda positiva: gracias a esta nueva sensibilidad, tanto gobiernos como empresas están invirtiendo en buscar soluciones que garanticen un futuro para todos.

En concreto, las ciudades inteligentes persiguen crear entornos saludables, prósperos y respetuosos con el medio ambiente donde la gente pueda vivir y tener cubiertas sus necesidades.

Teniendo en cuenta que en los próximos 30 años se espera que dos tercios de la población mundial viva en ciudades, es fundamental que existan estos entornos “inteligentes”. 

Tanto gobiernos como empresas están invirtiendo en buscar soluciones que garanticen un futuro para todos.

Pero, ¿cómo se crea una ciudad inteligente?

En primer lugar, no son las ciudades las que son inteligentes, sino las personas. Lo fundamental al hablar de crear espacios urbanos innovadores y habitables, es garantizar un “gobierno inteligente”.

Smart cities

Y, ¿cómo es un gobierno inteligente?

Es un gobierno con visión de conjunto y una estrategia a largo plazo, capaz de establecer alianzas fructíferas con instituciones públicas y privadas; a la vez, es un gobierno transparente y abierto a la innovación.

En resumen: para que un gobierno pueda construir la ciudad del futuro, debe tener en cuenta, y manejar, múltiples dimensiones.

Rankings de Smart cities

Muchos rankings de smart cities, que los gobiernos usan como orientación para plantear sus estrategias, se centran únicamente en la innovación digital.

Aunque el desarrollo tecnológico es, sin duda, parte fundamental de las ciudades del futuro, un gobierno con visión holística debe tener en cuenta otros muchos aspectos.

Por ejemplo, en el ranking anual que elaboramos desde la plataforma “IESE Cities in Motion”, nos hemos dado cuenta de que muchas ciudades, a pesar de sobresalir en desarrollo tecnológico y económico, presentan unos resultados pobres en cohesión social o medio ambiente.

Esta falta de equilibrio es precisamente lo que afecta a la sostenibilidad de los modelos urbanísticos de las ciudades y el aspecto que deberían tener en cuenta los gobernantes a la hora de decidir sus estrategias.

Las smart cities son el futuro de las ciudades

De hecho, nuestro índice penaliza estas diferencias entre criterios (y valoramos diez dimensiones distintas: gobernanza, planificación urbana, gestión pública, tecnología, medioambiente, impacto internacional, cohesión social, movilidad y transporte, capital humano y economía).

Cuando hablamos de ciudades sostenibles o de smart cities, queremos decir precisamente ciudades que no son estáticas, sino que pueden seguir desarrollándose en el futuro.

Descuidar el impacto ambiental o el desarrollo de talento, puede que no se note en el corto plazo, pero afectará al desarrollo de una ciudad en el futuro.

Tener un gobierno rígido en el que la innovación no surja de manera espontánea, es otra manera de impedir el desarrollo de la ciudad a largo plazo. Todos los criterios cuentan, y todos son fundamentales. 

La sostenibilidad no puede pasar a convertirse en una palabra de moda, vacía de contenido.

En poco tiempo, nuestras ciudades necesitarán infraestructuras y modelos inteligentes para acoger a un número cada vez mayor de habitantes.

Asimismo, y contrariamente a la tendencia que estamos observando, ninguna ciudad o Estado opera de manera aislada, sino que afecta directamente a las demás.

Ahora, más que nunca, necesitamos gobernantes con una estrategia de desarrollo urbanístico que tenga en cuenta el largo plazo y la inclusión de todos y cada uno de los habitantes en la ciudad.


Por: Pascual Berrone, profesor de Dirección Estratégica del IESE y co-autor del IESE Cities in Motion Index (CIMI)


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