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La cara B de la inteligencia artificial: el riesgo que crece silenciosamente entre las pymes

Inteligencia artificial en pymes

La inteligencia artificial en las pymes españolas avanza a una velocidad que empieza a plantear un segundo desafío para las empresas: no basta con adoptar la tecnología, también es necesario aprender a gobernarla. Herramientas que hace apenas unos años parecían reservadas a grandes corporaciones se utilizan hoy para redactar documentos, analizar información financiera, preparar presupuestos, elaborar propuestas comerciales o responder a clientes.

El problema aparece cuando esa incorporación se produce sin establecer previamente qué herramientas pueden utilizar los empleados, qué datos pueden introducir en ellas o qué decisiones necesitan mantener una supervisión humana.

La consultora financiera Rhombus advierte de que la rápida adopción de estas soluciones entre autónomos y pequeñas empresas puede generar riesgos legales, financieros y de confidencialidad cuando no está acompañada por políticas internas, formación y mecanismos adecuados de control.

La cuestión adquiere especial importancia porque los datos muestran que la adopción empresarial de la IA se está acelerando con fuerza.

La inteligencia artificial duplica prácticamente su presencia entre las microempresas

Según los datos del Instituto Nacional de Estadística recogidos en el documento, el 13,4% de las empresas con menos de diez empleados y conexión a internet utilizaba tecnologías de inteligencia artificial durante el primer trimestre de 2026. Un año antes el porcentaje era del 7,5%.

La penetración es todavía superior entre las compañías de mayor tamaño. Entre las empresas con diez o más empleados, el porcentaje alcanzó el 21,1%, después de crecer 8,7 puntos en apenas doce meses.

Estamos, por tanto, ante una transformación que ya está llegando a buena parte del tejido empresarial.

Para las pymes, además, las posibilidades resultan especialmente atractivas. La IA generativa permite automatizar determinadas tareas, reducir tiempos y aumentar la capacidad productiva sin necesidad de realizar grandes desarrollos tecnológicos.

Soly Sakal, CEO de Rhombus, resume el desafío: “La inteligencia artificial se está convirtiendo en una enorme ventaja competitiva, pero también puede traducirse en un importante foco de riesgo cuando se implanta sin criterio ni control”.

El verdadero riesgo está en la falsa sensación de seguridad

Una de las razones que explican la rápida expansión de la inteligencia artificial es precisamente su facilidad de utilización.

Muchas herramientas funcionan mediante interfaces sencillas. El profesional introduce una instrucción, adjunta información y obtiene una respuesta en cuestión de segundos. Esta aparente simplicidad puede generar la percepción de que utilizar IA no requiere conocimientos específicos.

Pero detrás de una acción tan cotidiana como introducir un documento en una plataforma pueden existir cuestiones relacionadas con la protección de datos, la confidencialidad empresarial, la propiedad intelectual, la trazabilidad de las decisiones automatizadas o el cumplimiento de la normativa europea sobre inteligencia artificial.

Para una pequeña empresa, el riesgo puede resultar especialmente relevante.

Las grandes organizaciones suelen disponer de departamentos especializados en ciberseguridad, cumplimiento normativo, protección de datos o gobierno tecnológico. Muchas pymes carecen de estos recursos y la incorporación de nuevas herramientas puede producirse de manera espontánea por iniciativa de los propios empleados.

Contratos, presupuestos y datos financieros pueden terminar dentro de una IA

El documento plantea situaciones que ya forman parte del trabajo cotidiano de muchas organizaciones.

Un empleado puede recurrir a una herramienta de inteligencia artificial generativa para redactar un contrato, resumir un informe, analizar un documento financiero, preparar un presupuesto o elaborar una respuesta para un cliente.

El problema surge cuando para realizar esas tareas se introduce información interna de la empresa sin conocer suficientemente qué ocurre posteriormente con esos datos.

No se trata, por tanto, de impedir que los profesionales utilicen estas herramientas. El objetivo debería ser exactamente el contrario: crear las condiciones necesarias para aprovecharlas con seguridad.

“Son precisamente este tipo de aplicaciones las que demuestran el potencial de la IA para mejorar la eficiencia de una organización”, sostiene Sakal. La clave, añade, consiste en proporcionar a los profesionales los conocimientos necesarios para utilizarlas correctamente y aprovechar sus posibilidades.

La formación en inteligencia artificial se convierte en una cuestión empresarial

Este escenario introduce una nueva responsabilidad para los equipos directivos. La formación en inteligencia artificial ya no debería limitarse a enseñar cómo utilizar una determinada aplicación. También debe ayudar a comprender sus limitaciones y los riesgos asociados a su funcionamiento.

Un empleado necesita saber qué información puede compartir, qué plataformas están autorizadas por la compañía y cuándo una respuesta generada automáticamente debe ser revisada antes de utilizarse.

Este conocimiento resulta especialmente importante en áreas sensibles como finanzas, recursos humanos, asesoramiento jurídico o atención al cliente.

La profesionalización del uso de la IA puede convertirse, además, en una ventaja competitiva. Las empresas capaces de establecer procedimientos claros pueden beneficiarse de la automatización sin asumir innecesariamente riesgos derivados de una utilización descontrolada.

La IA no puede sustituir el criterio de los profesionales

Otro de los grandes riesgos aparece cuando la confianza en la tecnología conduce a aceptar sus respuestas sin cuestionarlas.

Rhombus defiende que la inteligencia artificial debe funcionar como apoyo al profesional, pero no sustituir su capacidad de análisis.

Esta distinción resulta fundamental cuando la herramienta interviene en decisiones estratégicas o financieras.

“La IA puede acelerar procesos y aportar información muy valiosa, pero nunca debe sustituir el análisis crítico ni el criterio profesional”, señala Sakal. Cuando una organización deja de cuestionar las respuestas obtenidas, añade, comienza a asumir riesgos capaces de afectar directamente al negocio.

La supervisión humana de la inteligencia artificial se convierte así en uno de los principios fundamentales de cualquier estrategia empresarial de adopción tecnológica.

Cómo pueden las pymes establecer un gobierno básico de la IA

La respuesta a estos riesgos no pasa por prohibir ChatGPT u otras herramientas generativas dentro de las organizaciones. Una política excesivamente restrictiva podría impedir aprovechar una tecnología que ya está transformando numerosos procesos empresariales.

La alternativa planteada por Rhombus consiste en profesionalizar la implantación de la inteligencia artificial.

Para ello, las compañías deberían establecer políticas internas que determinen qué herramientas están autorizadas, qué información puede introducirse, qué procesos necesitan revisión humana y qué formación deben recibir empleados y directivos.

Esto permite pasar de una adopción individual y desordenada a una estrategia corporativa.

Una pyme no necesita necesariamente crear una compleja estructura de gobierno tecnológico. Pero sí necesita responder preguntas básicas antes de integrar estas herramientas en procesos críticos: quién puede utilizarlas, para qué, con qué información y bajo qué mecanismos de revisión.

Gobernar la inteligencia artificial será tan importante como adoptarla

La primera etapa de la transformación empresarial provocada por la IA ha estado dominada por una pregunta: cómo pueden las organizaciones incorporar estas herramientas para mejorar su productividad.

La siguiente empieza a girar alrededor de otra cuestión: cómo utilizar la inteligencia artificial de forma segura, responsable y rentable.

Esta evolución resulta especialmente importante para las pequeñas y medianas empresas. Su agilidad les permite adoptar rápidamente nuevas soluciones, pero la ausencia de estructuras especializadas puede aumentar su exposición a determinados riesgos.

La ventaja competitiva no estará únicamente en quién utilice más inteligencia artificial, sino en quién consiga integrarla mejor en su organización.

Como sostiene el CEO de Rhombus, la diferencia entre las compañías que aprovechen la IA y aquellas que terminen enfrentándose a problemas legales o económicos estará determinada por cómo gobiernen estas herramientas. Porque la implantación de la IA en las empresas está dejando de ser exclusivamente una decisión tecnológica para convertirse en una cuestión de gestión empresarial y control del riesgo.

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