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¡SON LAS IDEAS, ESTÚPIDO!

¡SON LAS IDEAS, ESTÚPIDO!
julio 07
12:13 2015

 

Manuel Pimentel, Ex-ministro de Trabajo

Manuel Pimentel, Ex-ministro de Trabajo

La vida es un río en el que no te puedes bañar dos veces, advirtió más de dos mil años atrás el bueno de Heráclito. Así, la situación económica y política de finales de año será distinta de la existente durante las pasadas elecciones municipales, por lo que, a día de hoy, no podríamos extrapolar sus resultados. La corriente fluye, y el agua siempre es distinta. Igual ocurre en la política, la economía y, por supuesto, la empresa.

El talento de sus directivos es adaptarse, por una parte, al momento de la corriente, saber navegar hacia el destino que desea, gobernar y motivar a su tropa y combinar la mirada larga con la corta. Pues todos esos talentos y aún más serán precisos para sortear con éxito los meses restantes del ejercicio. Inmersos, por fin, en una franca recuperación económica – pero aún percibida por los ciudadanos -, los nubarrones de incertidumbre política no han sido disipados por los resultados de las pasadas elecciones autonómicas y municipales, sino que, al contrario, la inestabilidad resultante ha ocasionado cúmulo-nimbos tormentosos que garantizan los fuertes aguaceros por venir. Por una parte, Cataluña. Por otra, el populismo creciente, expresado a través de sus mil caras, pero liderados, de alguna manera, por Podemos, del que no sabemos si aspira a la socialdemocracia danesa o si encubre al chavismo venezolano.

La dinámica en Cataluña es gravísima. Pero la del avance electoral de populismo posee igual intensidad y capacidad destructora, como demuestra el debarajuste y fracaso social y económico de Syriza en Grecia. ¿Por qué sube el populismo ahora que comenzamos a salir de la crisis? ¿Se trata tan sólo de irritación o hartazgo? ¿Es sólo una cuestión partidista? ¿Es que de repente el PP nos parece carca, corrupto e insensible, el PSOE irrelevante y Podemos y adláteres atractivos y seductores, o hay debajo de este juego de siglas un fondo de pensamiento sociopolítico que impulsa este cambio? Sin duda alguna, no estamos hablando sólo de partidos – que también – sino, sobre todo, de la ideología que late debajo. No sólo es táctica y estrategia sino que, sobre todo, la batalla se librará en el campo del discurso, la ideología, los valores, las percepciones y el pensamiento. ¡Son las ideas, estúpido!

 

Populismo

 

En su ensayo De animales a dioses, el profesor e historiador Yuval Noah Harari mantiene que la capacidad de compartir mitos y el orden imaginado ha sido más determinante en la evolución de la humanidad que sus imperativos de ADN o que su simple capacidad tecnológica. La ideología – ese conjunto de ideas, ensueños, ideales, deseos y propuestas – sería, por tanto, parte consustancial de la especie humana y motor fundamental de su avance y desarrollo. Las sociedades conviven y consiguen que sus miembros trabajen más o menos de manera armónica gracias a las creencias y valores que comparten. Por tanto, en esta realidad fluida sobre la que flotamos, debemos percatarnos de la deriva de la ideología mayoritaria de esta España de nuestras entretelas.

Y la respuesta es fácil, a tenor de las encuestas que vamos conociendo. Los españoles – que tradicionalmente hemos confiando algo más en el Estado que en la empresa -, tras la crisis, nos hemos hecho aún más estatistas, recelando de la libertad económica. Los que pensamos que la empresa es parte de la solución y no sólo del problema, debemos esforzarnos por crear un discurso que logre frenar, primero, y revertir, después, esa tendencia empobrecedora. Ya Max Weber advirtió de las diferencias ideológicas- políticas entre el norte protestante y el sur católico. El norte sería – es – más procapitalista y meritocrático y el sur más estatista e igualitario. Y algo de eso hay. Basta comparar Grecia, España o Portugal con Holanda, Alemania o Dinamarca para comprender que constituimos bloques socioculturales distintos. Por eso, los populismos izquierdistas calan mejor en el sur y, atención, nosotros estamos en el sur.

El populismo progresa cabalgando sobre unos cuantos mantras repetidos hasta la saciedad: que la crisis económica se debe a la avaricia de los centros financieros; que los ciudadanos hemos salvado con nuestro dolor y sudor a los bancos, verdaderos responsables del desaguisado; que el sistema capitalista y la desregulación necesariamente generan desigualdad social, muy acentuada además como efecto de la crisis; que las políticas de austeridad impuestas por la Unión Europea y Merkel son responsables de nuestro empobrecimiento y de la destrucción del Estado de Bienestar; que el sistema político nacido en 1978 está muerto, podrido por una casta privilegiada y envilecida por una corrupción generalizada. Y como antídoto a todos estos males se plantea la necesidad de una nueva política, participativa, que devuelva la soberanía al pueblo subyugado por la casta. Y en rescatar a la economía secuestrada por los pérfidos mercados para darle mayor regulación y control público y social. O sea, en Román paladino, más Estado y menos libertad económica. La música puede que sea nueva, pero la letra nos resulta bien conocida. Tópicos y medias verdades, sin ningún contraste empírico pero que suenan bien a una sociedad sufriente, descreída y proclive a ilusionarse con el ideal y la utopía.

No compartiendo los postulados populistas en los que se basan estas fuerzas emergentes, no podemos, por ello, minusvalorarlos ni despreciarlos. No estamos ante una simple confrontación de siglas y partidos, sino, sobre todo, de ideas y sistemas. Por eso, más que con gritos, debemos trabajar en construir un discurso sólido, solvente y atractivo. Y, además, predicar con el ejemplo. No nos vale repetir aquello de que “viene el lobo”, cuando muchos ciudadanos ya no lo ven como una fiera, sino como un dulce animal que traerá justicia y prosperidad. Los que no compartimos el ideal populista y nos preocupan las sombras que se atisban tras sus fuegos artificiales, deberíamos trabajar en construir un modelo, un imaginario más atractivo que lo desmonte y lo desnude ante una opinión pública irritada y empobrecida.

Quedan pocos meses para unas elecciones generales que marcarán nuestro rumbo durante los próximos años. Ojalá consigamos que no nos embarquemos en una deriva populista que nos empobrecería a niveles no conocidos en muchas décadas. La lucha no se libra con las siglas, se libra con las ideas. Y esas, no se improvisan.

¡SON LAS IDEAS, ESTÚPIDO!
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Marc Cortés

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