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La exención por trabajo en el extranjero, ¿una recompensa para los empleados que viajan?

La exención por trabajo en el extranjero, ¿una recompensa para los empleados que viajan?
agosto 04
09:15 2015
Mª Antonia del Río_KPMG Abogados

Mª Antonia del Río, KPMG Abogados

Con el ánimo de fomentar la internacionalización de las empresas españolas, se introdujo en la Ley del Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas (IRPF) una exención que beneficia a los empleados que se desplazan por motivos laborales fuera de España.

Esta exención viene regulada en el artículo 7p de la Ley del IRPF y permite dejar fuera de tributación por el IRPF los rendimientos obtenidos por trabajo desarrollado en el extranjero para una entidad no residente en España, hasta un máximo de 60.100 € al año. Ello implica dos ventajas desde la perspectiva fiscal española: (i) dejar exenta de tributación la parte de la retribución que percibe el empleado por este concepto hasta el límite establecido y (ii) al ser el IRPF un impuesto progresivo, bajar el tipo impositivo aplicable al resto de las rentas obtenidas por el empleado en ese año.

En concreto, el artículo 7p establece que, para aplicar la exención por trabajo en el extranjero, además de que el trabajo se preste físicamente fuera de en España, es necesario:

“1.º Que dichos trabajos se realicen para una empresa o entidad no residente en España o un establecimiento permanente radicado en el extranjero en las condiciones que reglamentariamente se establezcan. En particular, cuando la entidad destinataria de los trabajos esté vinculada con la entidad empleadora del trabajador o con aquella en la que preste sus servicios, deberán cumplirse los requisitos previstos en el apartado 5 del artículo 16 del texto refundido de la Ley del Impuesto sobre Sociedades, aprobado por el Real Decreto Legislativo 4/2004, de 5 de marzo.”

2.º Que en el territorio en que se realicen los trabajos se aplique un impuesto de naturaleza idéntica o análoga a la de este Impuesto y no se trate de un país o territorio calificado reglamentariamente como paraíso fiscal. Se considerará cumplido este requisito cuando el país o territorio en el que se realicen los trabajos tenga suscrito con España un convenio para evitar la doble imposición internacional que contenga cláusula de intercambio de información.”

Este beneficio fiscal se percibe cada vez más por los empleados como un premio o recompensa por los viajes de trabajo que realizan fuera de España. Ahora bien, cuando el empleado va a solicitar su aplicación a través de su declaración del IRPF anual, se está encontrando últimamente con el rechazo por parte de la Administración, que interpreta que, cuando la empresa no ha aplicado la exención en la nómina del empleado, se debe a que considera no cumplidos los requisitos para su aplicación y, más concretamente, el requisito que establece que los trabajos se realicen en beneficio de una empresa o entidad no residente en España.

Con el ánimo de fomentar la internacionalización de las empresas españolas, se introdujo en la Ley del Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas (IRPF) una exención que beneficia a los empleados que se desplazan por motivos laborales fuera de España.

 

Esta interpretación de la Administración es cuestionable, ya que la obligación de la empresa de retener es independiente de la del empleado de tributar, no pudiéndosele negar un beneficio a este último por no haber sido aplicado por su empleador. Cuestión distinta es la dificultad que para el empleado supone poder probar que el beneficio efectivo de su trabajo es para una empresa extranjera, ya que ello podría implicar tener que aportar a la Administración documentación relativa a la relación existente entre su empleador español y la empresa extranjera beneficiaria del servicio, documentación que normalmente no está en poder de los empleados y que debería ser requerida a la propia empresa.

Una posibilidad de evitar esta situación en aquellos casos en que la empresa no aplica la exención en la nómina del trabajador pero estima que éste podría beneficiarse de la misma, sería que fuese la propia empresa la que facilitase al empleado la documentación necesaria para aplicar la exención a través de su declaración anual de IRPF. De esta forma, aun cuando el empleado seguiría teniendo que solicitar la aplicación de la exención a través de su declaración, sería la empresa quien monitorizaría el flujo de comunicación y la aportación de documentación a la Administración por parte de sus empleados. Para ello, en función del número de empleados afectados, sería importante contar con una herramienta tecnológica que facilitase la obtención y archivo de la documentación relevante.

Por último no hay que olvidar las implicaciones de la exención a efectos del Impuesto sobre Sociedades, así como tener presente que la prestación de trabajo en el extranjero puede implicar que exista para el empleado obligación de tributar en el país de destino.

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Marc Cortés

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