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Trump vs Amazon, la guerra que viene

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El principal adversario de Donald Trump no es un político del Partido Demócrata.

El principal adversario de Donald Trump es un empresario, Jeff Bezos, propietario de Amazon, el gigante del comercio electrónico que se ha convertido a su vez en destinatario de algunas de las críticas más duras del presidente de EE.UU.

La prensa estadounidense comenta que el excéntrico magnate, inquilino de la Casa Blanca, busca enemigos allí donde cree que su poder puede ser cuestionado. Y sus obsesiones están más cerca de la nueva economía que de la política tradicional. Los nuevos emprendedores, a su juicio, son los verdaderos culpables de la pasada crisis económica. Y el arma que utiliza Trump para evidenciarlo es conocida: su volcánica cuenta de Twitter.

Si el mandatario es capaz de alimentar la tensión militar con Corea del Norte o anunciar a Rusia el ataque aéreo sobre Siria a través de sus mensajes en una red social, ¿por qué no hacerlo para amenazar a sus demonios domésticos? Es lo que hizo a finales de marzo con Amazon, a la que acusó de estafar al servicio postal del país.

Las cuentas de Trump tienen, como en toda fake newque se precie, una parte de verdad y otra rotundamente falsa. Por una parte, es cierto que el gigante del comercio electrónico se beneficia de millonarios descuentos otorgados por el servicio postal público de EE. UU. (USPS, de acuerdo a sus siglas en inglés).

 

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Amazon paga con descuento

Según el presidente, Amazon se ahorra una media de dólar y medio por envío, una cantidad que debería ir a las depauperadas arcas del servicio de correos estadounidense, que por cierto, pierde unos 800 millones de euros al año, lastrado por la reducción del correo ordinario y sus elevados gastos de personal y planes de pensiones.

La receta del presidente para contener la hemorragia es clara: desangrar a Amazon con unos precios más elevados; en sus propias palabras, más cercanos a los costes operativos del servicio. Es un modo simple de endosar a una de sus bestias negras el incontenible déficit del servicio postal. Pero, claro, es una propuesta con trampa.

Hay que tener en cuenta que, si Amazon es capaz de obtener esos descuentos millonarios en su relación con el USPS, no es por ningún favor concedido desde la Administración. No fue Obama quien hizo un favor a Bezos por ser un empresario de su cuerda, sino que fue la propia Amazon la que se hizo acreedora de tales descuentos.

En realidad, el gigante del comercio electrónico trabaja de forma sólida con los grandes operadores del sector logístico en Estados Unidos, UPS y FedEx. Recurre al servicio postal público bajo el concepto de “la última milla”; el operador privado entrega el producto en la oficina postal local y es el cartero el encargado de realizar este último trayecto hasta la entrega del producto a su comprador. El USPS es, por tanto, el último eslabón de la cadena.

Y es un eslabón bastante lucrativo para el operador público, que obviamente está condicionado por las nuevas tendencias de los ciudadanos en su conducta comercial y personal. Porque, por un lado, compran en Internet y eso eleva el tráfico de paquetería, con Amazon como operador dominante. Por otro, cae drásticamente el envío de cartas, casi un exotismo en la era del correo electrónico.

De modo que Amazon tampoco es precisamente un enemigo del servicio postal. Pero eso a Donald Trump le da bastante igual, porque el presidente ha decidido que Amazon en general, y Jeff Bezos en particular, sí que van a ser sus enemigos mientras dure su mandato. De ahí esos ataques furibundos a través de Twitter, con amenazas nada veladas sobre medidas punitivas contra la empresa.

Posibilidades reales

Como suele ocurrir con el verbo desatado del magnate, los propósitos van por un lado y las posibilidades reales por otro. Porque Trump puede desdeñar (y quizá temer) la fuerza creciente de los nuevos operadores tecnológicos que han cambiado el capitalismo estadounidense, pero es bastante difícil que pueda pararles los pies con medidas regulatorias y fiscales. Aunque le gustaría. Amazon, como Google y Facebook, es señalada con frecuencia como un agujero a efectos tributarios, no solo en EE.UU.

Las medidas que podría adoptar el presidente irían desde un incremento del precio en los servicios postales públicos a la reducción de los descuentos, pero una decisión de esta naturaleza, pensada para perjudicar a un solo operador, tendría indudables consecuencias en el coste general de los servicios para todas las empresas que trabajan con el USPS. ¿Se atreverá Trump a hacer algo así?

Es poco probable que las escaramuzas dialécticas vayan más allá de los episodios de enconamiento protagonizados por el inquilino de la Casa Blanca. Por su parte, Jeff Bezos no contesta nunca a las amenazas presidenciales, aunque sobre este extremo cabe la duda, en función de su segunda condición como empresario, la de editor de prensa y, en particular, de propietario del periódicoThe Washington Post.

Bezos, editor de prensa

En realidad, para muchos observadores la inquina de Donald Trump con Bezos (y, como consecuencia, con Amazon) viene dada por las ambiciones de influencia que atribuye a este tras la compra, en 2013, del periódico más influyente de la capital. Por cierto, Bezos gastó 250 millones de dólares (el 2 % de su fortuna personal, una auténtica ganga) en adquirir la cabecera histórica de la familia Graham, la que destapó el escándalo del Watergate que acabó con la carrera política de un presidente, Richard Nixon.

Para los republicanos con pedigrí, The Washington Post es una auténtica bestia negra en el panorama mediático del país, como verdugo antaño de un presidente de su partido y por su papel como difusor de las causas progresistas de Estados Unidos y su apoyo inequívoco a los presidentes y candidatos del Partido Demócrata.

Bezos sabía muy bien lo que hacíaal adquirir el gran periódico de la izquierda estadounidense, a la vera del también legendario The New York Times. Eran inevitables una lectura económica y otra política. La primera: los nuevos magnates adquieren a precio bajo los antiguos conglomerados mediáticos, asfixiados por la revolución tecnológica y la deuda. La segunda: Bezos apuesta por el Partido Demócrata.

En realidad, el propietario de Amazon no ha variado un ápice la línea editorial del diario capitalino desde su llegada al despacho otrora ocupado por la mítica Katherine Graham, protagonista a la que ha rescatado para el gran público la magistral interpretación de Meryl Streep en la patriótica e irregular Los Archivos del Pentágono, la penúltima película de Steven Spielberg.

Lo que ha hecho Bezos es invertir en el periódico, sobre todo en la estrategia de contenidos y publicidad digital, qué menos, viniendo de donde viene. De modo que The Washington Postha elevado su audiencia, aunque sin dejar de sufrir pérdidas, una cuestión que por ahora no inquieta a un empresario que es, a su vez, máximo accionista de un gigante como Amazon, cuya capitalización bursátil está cercana a alcanzar el medio billón de dólares.

La lectura de Donald Trump, compartida por buena parte del bando republicano, es muy diferente. El presidente y sus acólitos entienden que Bezos utiliza el periódico de su propiedad para socavar la imagen de la Administración de modo sistemático, con fines tanto políticos (desalojarle de la Casa Blanca en 2020) como económicos (consolidar el privilegio gubernamental a Amazon en sus negocios y, de este modo, aplastar a la competencia y modelar un nuevo ecosistema comercial a escala planetaria).

El periódico más odiado por Trump

Por todo ello, no es extraño que el presidente exprese también en Twitter sus invectivas contra el diario, atribuyéndole la propagación de mentiras sobre su Gobierno (lo llama Fake Washington Post) y criticando su alineamiento ideológico con los demócratas. Esta acusación es sistemáticamente desmentida por el editor jefe del periódico, Marty Baron, un periodista también con precedentes en el celuloide, no en vano era director del Boston Globedurante la investigación por abuso sexual de religiosos católicos a menores, una historia relatada por Spotlight, Óscar a la mejor película en 2015.

La batalla que viene

La batalla está servida, y el terreno está bien claro: Trump contra el más agresivo de los nuevos magnates, el primero que le desafía en el terreno de la opinión pública, algo que no han hecho los máximos accionistas de Facebook o Google, por ejemplo.

Aunque suene paradójico, el contrapunto a un millonario de los casinos como Donald Trump no viene de la política, sino de un personaje aún más rico que él, abanderado a su vez de una empresa como Amazon, que ha revolucionado el modo de comprar de las personas en todo el planeta. Será una batalla cruenta en la que no se adivina ganador cierto, porque ni Bezos piensa competir con la presidencia de EE. UU. ni Trump tiene capacidad real para aplastar a los nuevos señores feudales del capitalismo estadounidense. Desde luego, el entretenimiento está asegurado, y quizá a Jeff Bezos le sirva el pulso para cumplir ese objetivo al que alude siempre en tono irónico: vender más zapatos.

 

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