Además de tener un producto / servicio diferencial, cualquier empresa que quiera abrir mercado en el exterior, debe reunir una serie de recursos que harán llevarle más o menos lejos de una manera más o menos ágil. Servicios financieros, legales, capacidad van de la mano en esta ecuación, pero, asimismo, hay que contar con la tecnología. La madurez tecnológica de una organización es un claro habilitador para su éxito internacional.
Así lo entiende más del 70% de los profesionales en el informe Digital Pulse 2025: Barómetro de Madurez Digital, elaborado por Excelia. La consultora ha publicado esta conclusión desde una muestra de 400 personas, de los que la mitad considera que su compañía se encuentra en una fase media baja de madurez digital. Apenas un 15,9% percibe su entorno profesional como altamente avanzado.
Un cambio progresivo en la percepción de la transformación digital de los negocios
Durante años, la digitalización fue interpretada como un proceso progresivo orientado a mejorar la eficiencia interna. Automatizar tareas, reducir tiempos o digitalizar procesos eran objetivos suficientes en un entorno menos exigente. Sin embargo, ese paradigma ha cambiado de forma radical.
En el contexto actual, la tecnología no es un complemento, sino un habilitador estratégico. Las empresas que aspiran a competir en mercados internacionales necesitan operar con agilidad, precisión y capacidad de adaptación. Y eso solo es posible mediante el uso intensivo de herramientas digitales avanzadas.
Plataformas de análisis de datos, soluciones de automatización o sistemas de gestión integrados permiten a las organizaciones tomar decisiones informadas en tiempo real, anticiparse a cambios en la demanda y optimizar recursos en entornos complejos. En otras palabras, convierten la información en una ventaja competitiva.
La madurez digital es capaz de resolver la complejidad que implica la internacionalización
Uno de los grandes retos de la internacionalización es la gestión de la complejidad. A medida que una empresa se expande, aumentan exponencialmente las variables a controlar: normativas locales, divisas, sistemas fiscales, cadenas de suministro o estructuras organizativas distribuidas.
En este escenario, la digitalización actúa como un elemento integrador. Según explica Raúl Candela, Partner & Managing Director de Excelia, una digitalización avanzada permite a las empresas operar como un único ecosistema, independientemente del país en el que desarrollen su actividad.
La clave está en la unificación. Disponer de plataformas comunes, datos centralizados y procesos automatizados facilita que todas las áreas de la organización trabajen bajo los mismos criterios, con información actualizada y fiable. Esto no solo reduce errores, sino que mejora la coordinación y acelera la toma de decisiones.
La brecha entre percepción y realidad
Pese a la creciente conciencia sobre la importancia de la digitalización, el informe pone de manifiesto una brecha preocupante entre el reconocimiento del problema y la capacidad real de abordarlo.
Muchas empresas identifican la transformación digital como una prioridad, pero no logran avanzar al ritmo necesario. Las razones son diversas: falta de inversión, resistencia al cambio, carencia de talento especializado o dificultades para integrar sistemas heredados con nuevas tecnologías.
Esta situación genera un riesgo claro. En un mercado global, donde la competencia no entiende de geografías, quedarse atrás en madurez digital puede traducirse en pérdida de oportunidades, menor capacidad de innovación y dificultades para escalar el negocio.
Tecnología para escalar, no solo para optimizar
El verdadero valor de la digitalización no reside únicamente en mejorar lo que ya existe, sino en permitir nuevos modelos de crecimiento. Las empresas más avanzadas utilizan la tecnología para rediseñar sus procesos, crear nuevas líneas de negocio y expandirse con mayor rapidez.
La analítica de datos, por ejemplo, permite comprender mejor a los clientes en distintos mercados, adaptar productos y personalizar servicios. La automatización reduce costes operativos y libera recursos para tareas de mayor valor añadido. Y la integración de sistemas facilita la gestión simultánea de múltiples operaciones internacionales.
En este contexto, tecnologías como la inteligencia artificial comienzan a desempeñar un papel clave. Su capacidad para procesar grandes volúmenes de información y generar predicciones abre nuevas posibilidades en áreas como la planificación estratégica, la gestión del riesgo o la optimización de la cadena de suministro.

