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La transparencia salarial deja de ser opcional: las empresas deben prepararse ya para la nueva directiva europea

transparencia salarial

La gestión salarial está a punto de vivir una de las mayores transformaciones regulatorias de las últimas décadas en Europa. Aunque España todavía no ha completado la transposición de la Directiva Europea de Transparencia Salarial, las compañías no pueden permitirse esperar. El motivo es sencillo: las primeras obligaciones de información previstas para 2027 tomarán como referencia los salarios abonados durante 2026, lo que obliga a las organizaciones a revisar desde ahora sus políticas retributivas, sus criterios de promoción y sus sistemas de compensación.

El cambio va mucho más allá de una cuestión administrativa o de cumplimiento normativo. La nueva regulación europea redefine la forma en la que las empresas deberán explicar, justificar y comunicar las diferencias salariales entre profesionales que realizan trabajos equivalentes, introduciendo además nuevas exigencias de transparencia tanto para empleados como para candidatos.

La retribución deja así de ser un asunto reservado a los departamentos de Recursos Humanos para convertirse en una cuestión estratégica que afecta a la dirección general, las áreas financieras, jurídicas y de comunicación corporativa.

Las obligaciones empiezan antes de la ley española

España debía haber incorporado la Directiva al ordenamiento jurídico nacional antes del 7 de junio de 2026. Sin embargo, el retraso en su transposición no modifica el calendario real al que se enfrentan las compañías.

Las primeras obligaciones de reporte previstas para junio de 2027 se basarán en los datos salariales correspondientes al ejercicio 2026, lo que significa que cualquier desviación o brecha detectada durante este año será objeto de análisis en los próximos ejercicios.

Este escenario obliga a las empresas a anticiparse.

Esperar a la aprobación definitiva de la normativa española podría dejar sin margen de maniobra a muchas organizaciones, especialmente a aquellas que todavía no disponen de sistemas retributivos estructurados o de metodologías claras para la valoración de puestos.

De izq. a der: Cristina Orejas, directora del Área Jurídico Laboral y Recursos Humanos; Marga Guitart, abogada de Laboral de Grant Thornton; Anna Figarola, Organization & Compensation Consulting Manager de Esperta; Roger Guasch, director Gerente de Cambra de Barcelona.

La brecha salarial del 5% se convierte en el nuevo umbral de referencia

Uno de los elementos más relevantes de la nueva regulación europea es la introducción del límite del 5% de diferencia salarial entre hombres y mujeres que desempeñen el mismo trabajo o funciones equivalentes.

No se trata únicamente de reducir las diferencias retributivas, sino de ser capaces de explicarlas y justificarlas.

Cuando una empresa presente diferencias superiores a ese porcentaje deberá demostrar que responden a criterios objetivos, medibles y neutros desde la perspectiva de género. La antigüedad, la experiencia, las competencias técnicas o el desempeño podrán ser argumentos válidos, siempre que estén correctamente documentados y formen parte de un modelo coherente de compensación.

La clave ya no estará únicamente en la cifra final, sino en la capacidad de la organización para acreditar cómo y por qué se toman las decisiones salariales.

El salario entra de lleno en la estrategia empresarial

La llegada de la transparencia salarial supone también un cambio cultural para muchas organizaciones.

Hasta ahora, la política retributiva era considerada en muchos casos una cuestión estrictamente vinculada a Recursos Humanos. La nueva normativa rompe esa lógica y obliga a abordar la compensación desde una visión transversal.

Las áreas jurídicas deberán garantizar el cumplimiento normativo.

Los departamentos financieros tendrán que validar la sostenibilidad económica del modelo.

Los equipos de comunicación participarán en la gestión interna y externa del mensaje.

Y la dirección general deberá asumir la gobernanza del proceso como un elemento más de la estrategia corporativa.

La transparencia salarial pasa así a formar parte de los criterios ESG, concretamente de la dimensión social que cada vez analizan con mayor profundidad inversores, clientes y empleados.

Diseñar un modelo retributivo será obligatorio

Otro de los grandes cambios introducidos por la Directiva es la necesidad de disponer de sistemas estructurados de valoración de puestos de trabajo.

Las empresas deberán identificar qué posiciones realizan funciones equivalentes atendiendo a aspectos como:

Sobre esa base deberán construirse bandas salariales, criterios de progresión profesional y sistemas objetivos que permitan justificar las diferencias existentes entre trabajadores.

Muchas compañías parten con cierta ventaja gracias al trabajo desarrollado en los últimos años a través de los planes de igualdad, auditorías salariales y registros retributivos.

Sin embargo, la Directiva amplía significativamente las exigencias actuales.

Ya no bastará con identificar y diagnosticar posibles diferencias salariales. Será necesario construir un auténtico modelo de compensación basado en criterios técnicos y transparentes.

La selección de talento también cambia

La transparencia salarial comenzará incluso antes de la incorporación de un nuevo profesional a la empresa.

Las ofertas de empleo deberán incluir información sobre la remuneración prevista o las horquillas salariales asociadas al puesto. Además, las compañías no podrán solicitar información sobre los salarios percibidos por los candidatos en empleos anteriores.

El objetivo es evitar que las desigualdades históricas se reproduzcan automáticamente en nuevos procesos de contratación.

Esta medida, ya implantada en diversos países europeos y en algunos estados de Estados Unidos, está llamada a modificar profundamente las dinámicas tradicionales de negociación salarial.

Los empleados tendrán derecho a conocer más información

La Directiva también refuerza los derechos informativos de los trabajadores.

Los empleados podrán solicitar información sobre:

Este nuevo escenario obligará a las empresas a preparar no solo los datos, sino también la forma de comunicarlos.

Los mandos intermedios tendrán un papel especialmente relevante.

Serán ellos quienes deban responder a muchas de las preguntas relacionadas con compensación, promoción o desarrollo profesional.

La gestión del salario dejará de ser una conversación excepcional para convertirse en una parte habitual del diálogo entre empresa y empleado.

Las consecuencias del incumplimiento serán más severas

La nueva regulación europea incorpora además mecanismos de control y sanción significativamente más exigentes que los actuales.

Entre las posibles consecuencias destacan:

La exposición reputacional asociada a posibles incumplimientos añade un nuevo elemento de presión para las organizaciones.

En un contexto donde la atracción y fidelización del talento se ha convertido en una prioridad estratégica, la percepción de equidad salarial puede convertirse en un importante factor diferencial.

Transparencia y competitividad avanzan de la mano

Lejos de interpretarse exclusivamente como una obligación legal, la transparencia salarial puede convertirse en una oportunidad para mejorar la confianza interna y reforzar la propuesta de valor al empleado.

Las nuevas generaciones demandan entornos laborales más abiertos, predecibles y coherentes.

Disponer de criterios claros de progresión, de políticas salariales comprensibles y de modelos objetivos de compensación contribuye a reforzar el compromiso de los profesionales y mejorar la experiencia del empleado.

Además, comunicar las bandas salariales durante los procesos de selección puede convertirse en una ventaja competitiva para captar talento en mercados cada vez más tensionados.

La transparencia salarial ya no es únicamente una cuestión de igualdad.

Es también una herramienta de gestión, de reputación corporativa y de competitividad empresarial.

Las compañías que comiencen a prepararse ahora llegarán mejor posicionadas a un escenario regulatorio que está mucho más cerca de lo que muchos todavía creen.

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