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El origen de los desarrollos digitales empieza a ser importante: los países elevan su patriotismo tecnológico

patriotismo tecnológico Europa

La tecnología es uno de los motivos por los que una región o país puede aspirar a calificarse como potencia o superpotencia. No obstante, al igual que sucede con otros recursos como por ejemplo el petróleo o la posesión de minerales, el conocimiento digital es la razón para disparar tensiones geopolíticas. Por ello, hoy el concepto de la soberanía digital es tendencia por la carrera que han emprendido las principales economías mundiales. Desde esta perspectiva, el origen de los desarrollos tecnológicos cobra hoy una relevancia notable tal y como se ha comprobado en el último Barómetro de Confianza VivaTech 2026, elaborado por OpinionWay a partir de una encuesta internacional a ejecutivos del sector tecnológico en siete países.

El estudio, ya en su tercera edición, revela la nacionalidad del proveedor tecnológico se ha convertido en un criterio determinante para buena parte de los ejecutivos. El 92 % afirma que, al adoptar una nueva herramienta tecnológica, se inclinaría por un socio que comparta su nacionalidad. Para casi la mitad (47 %), este aspecto sería directamente decisivo.

Los mayores patriotas tecnológicos

Como en muchos otros aspectos de la vida, el nivel de patriotismo tecnológico varía, según las respuestas obtenidas. En Estados Unidos y Reino Unido, el 57 % de los ejecutivos lo considera un factor clave, mientras que en la mayoría de los países de la Unión Europea se interpreta más como una ventaja competitiva que como una condición obligatoria. Países Bajos constituye una excepción dentro del bloque comunitario, otorgando la misma relevancia a ambos enfoques.

Esta diferencia refleja una brecha cultural y estratégica. En el mundo anglosajón, la soberanía tecnológica se traduce en una lógica práctica y de seguridad nacional. En Europa continental, convive con la apertura al mercado común y la cooperación transfronteriza. Aun así, el 63 % de los ejecutivos reconoce estar preocupado por la posible pérdida de soberanía asociada al avance tecnológico, una cifra que evidencia la sensibilidad del momento.

 “Mientras que los directivos estadounidenses y británicos consideran esencial la nacionalidad de su proveedor tecnológico, la mayoría de los europeos la percibe más como un valor añadido. Esta diferencia no es casualidad: evidencia dos maneras distintas de entender la soberanía”, explica François Bitouzet, CEO de VivaTech.

Factores de confianza que refuerzan el patriotismo tecnológico

Ese creciente patriotismo tecnológico que apunta el informe está vinculado directamente con el nivel de percepción de fiabilidad en la tecnología: así lo afirma el 86 % de los encuestados. Aunque el 47 % sitúa a su propio país entre las regiones más confiables, la confianza comienza a articularse en bloques regionales.

En Estados Unidos, el 51 % confía prioritariamente en su propio país, pero un 62 % amplía esa confianza al conjunto de Norteamérica. En Europa continental, el 43 % de los ejecutivos prioriza soluciones desarrolladas dentro del continente. Reino Unido aparece como un actor híbrido: el 56 % confía en sus propias capacidades tecnológicas, pero un 53 % mantiene también una alta valoración del ecosistema europeo.

¿Qué sostiene esta confianza? Principalmente la seguridad (57 %), seguida de la capacidad de innovación (50 %) y el impacto positivo en el rendimiento empresarial (49 %). La tecnología ya no se evalúa solo por su eficiencia, sino por su alineación con intereses estratégicos y su resiliencia frente a riesgos globales.

La confianza sobre inteligencia artificial

Si hay un ámbito donde la confianza parece prácticamente unánime es la inteligencia artificial. El 89 % de los directivos afirma confiar en la IA para orientar decisiones empresariales, independientemente del sector. Además, el 83 % considera que las inversiones en esta tecnología evolucionarán de manera sostenible y controlada.

Solo el 17 % teme la formación de una burbuja especulativa, aunque en Francia el porcentaje se eleva al 30 %, reflejando una cautela mayor que en otros países.

En términos laborales, el discurso también es tranquilizador: el 92 % confía en que la adopción de IA no provocará despidos a corto plazo y permitirá mantener los niveles de empleo durante los próximos doce meses.

Sin embargo, la confianza declarada contrasta con prácticas arriesgadas. Cuatro de cada diez ejecutivos admiten haber compartido información corporativa con herramientas de inteligencia artificial en las que no confiaban plenamente. Esta cifra pone de manifiesto una brecha entre discurso y comportamiento: mientras la IA se percibe como aliada estratégica, su uso cotidiano todavía carece de marcos claros y protocolos sólidos en muchas organizaciones.

La adopción avanza más rápido que la regulación interna y la concienciación de los equipos, lo que abre interrogantes en materia de seguridad y confidencialidad de datos.

Inversiones en máximos históricos

El entusiasmo por la tecnología se traduce en cifras récord de inversión. La ciberseguridad encabeza la lista: el 82 % de los ejecutivos ya ha invertido en este ámbito. Le siguen la inteligencia artificial (76 %), el despliegue de 5G (73 %), la computación en la nube (72 %) y el Internet de las Cosas (54 %).

En España, el país se sitúa en la media internacional en IA e IoT, y supera ligeramente la media en inversiones en cloud computing, lo que refleja una apuesta consolidada por infraestructuras digitales.

De cara a los próximos doce meses, la tendencia es aún más clara: el 87 % planea aumentar su inversión en inteligencia artificial y el 77 % en ciberseguridad. También destacan la automatización robótica de procesos (80 %) y la computación cuántica (76 %), tecnologías llamadas a reforzar el ecosistema de IA y ampliar su capacidad de procesamiento. La carrera tecnológica, lejos de ralentizarse, parece intensificarse.

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