Borja Ochoa, presidente de Telefónica España, ha participado en 8.º Congreso de Directivos APD para subrayar la capital importancia que tiene la IA y la soberanía tecnológica para España y sus empresas.
A su juicio, estos son los dos elementos que condicionarán la competitividad de los próximos años, por lo que insta también a Europa a reforzar sus capacidades.
No se trata de una revolución similar a las anteriores, sino distinta en cuanto al ritmo de las transformaciones. Aprovechar todo el potencial de las nuevas tecnologías será sinónimo de mejoras en la productividad, optimización de tareas y avances en las organizaciones.
El reto de las empresas con la IA, según Borja Ochoa
No obstante, el verdadero reto para las empresas no consiste únicamente en incorporar herramientas basadas en IA, sino en integrarlas de forma que generen beneficios tangibles. La tecnología puede facilitar nuevas formas de trabajar, pero su valor depende de cómo se aplica a los procesos y de la capacidad de la organización para convertir sus posibilidades en resultados.
“La cuestión ya no es si las empresas deben incorporar la inteligencia artificial, sino si sabemos aprovecharla para transformar nuestros negocios, mejorar la productividad y generar crecimiento. La clave está en repensar los procesos, no simplemente en incorporar nuevas herramientas”, ha señalado Ochoa.
Las claves de la transformación para las organizaciones
Desde esta visión, las compañías necesitarán identificar qué actividades pueden mejorar, qué procesos deben modificarse y cómo evaluar los resultados de cada iniciativa. A partir de la experiencia de Telefónica, el presidente de la compañía ha destacado varios factores para abordar esta transformación.
Entre ellos figuran analizar y rediseñar los procesos, proporcionar a los empleados las herramientas y la formación necesarias, controlar los costes y contrastarlos con las eficiencias obtenidas. La medición resulta esencial para determinar si las inversiones se traducen en mejoras reales y para orientar las decisiones posteriores.
También ha subrayado la importancia del liderazgo. Los programas de transformación deben contar con un impulso claro desde los niveles más altos de la organización, de modo que la incorporación de nuevas tecnologías responda a objetivos empresariales definidos y no quede limitada a iniciativas aisladas.
Las personas ocupan igualmente un lugar central en este proceso. Para que las herramientas se integren en la actividad cotidiana, los equipos deben comprender su utilidad y disponer de las capacidades necesarias para utilizarlas. La transformación digital exige, por tanto, cambios culturales y organizativos que acompañen al despliegue tecnológico.
La soberanía tecnológica que debe perseguir Europa como ventaja competitiva
Respecto a la cuestión de la soberanía tecnológica en Europa, Ochoa ha propuesto examinar tres dimensiones fundamentales. La primera se refiere a los datos: dónde se encuentran almacenados y quién puede acceder a ellos. La segunda tiene que ver con el control de las operaciones, es decir, quién gestiona los sistemas que permiten mantener la actividad empresarial. La tercera comprende las tecnologías utilizadas, su grado de interoperabilidad y las alternativas disponibles si cambian las condiciones de un proveedor.
“La soberanía tecnológica no es solo una cuestión geopolítica, sino también de competitividad empresarial. Las compañías deben preguntarse dónde están sus datos, quién controla sus operaciones y hasta qué punto dependen de tecnologías de terceros. Tener capacidad de decisión sobre estos tres elementos es fundamental para garantizar la seguridad, la autonomía y la continuidad de sus negocios”, ha explicado el directivo.
En este sentido, el planteamiento puede aplicarse tanto a grandes corporaciones como a empresas de menor tamaño. Las posibilidades incluyen desde disponer de infraestructura propia hasta acceder a capacidades tecnológicas como servicio. La decisión dependerá de las necesidades de cada compañía, de la criticidad de sus operaciones y del margen de control que requiera sobre sus recursos digitales.
La soberanía tecnológica también podría ganar peso en las relaciones con las administraciones públicas y en los procedimientos de contratación. Según ha apuntado Ochoa, estos criterios tendrán una relevancia creciente, por lo que las empresas deberán prestar atención a sus implicaciones y a las exigencias que puedan trasladarse a sus cadenas de valor.

