Con mucha razón la capacidad de un país para crear empleo y reducir el paro es la primera medida de su bienestar social.
El acceso a una actividad remunerada supone cruzar la frontera que separa una situación de dependencia de un campo de mayor libertad de opción.
Por otra parte, a través del trabajo participamos en una red que se extiende desde la comunidad nuclear de una familia o de una empresa hasta la comunidad nuclear de una familia o de una empresa hasta la comunidad nuclear de una familia o de una empresa hasta la comunidad internacional del trabajo que mejora la eficiencia y la productividad de las actividades.
De esta manera se incrementa la cantidad, la variedad y el valor añadido de los bienes producidos y de los servicios prestados, y suben los niveles de consumo y bienestar.
La primera condición para conseguir una dinámica de crecimiento económico y creación de empleo es la libertad económica. No hay duda de que los países que han alcanzado ,mayor prosperidad material han sido los que han disfrutado de libertad de iniciativa, de asociación, de trabajo, y de uso y comercio de la prosperidad adquirida.

La libertad económica es parte indisociable de la libertad individual, junto a la libertad política o la libertad civil.
La mutua relación entre las distintas formas de la libertad se observa en los numerosos procesos de transición que se están produciendo en el mundo desde regímenes autoritarios a sistemas democráticos de carácter liberal.
Unos países afrontan antes la reforma política, otros comienzan por las reformas económicas, pero los dos caminos conducen al mismo sitio. Una libertad pide la otra porque ambas surgen del mismo fondo.