Número 57 - Mes de Agosto - Año 6    30 de julio de 2010
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TRIBUNAS
Última actualización 01/08/2007@00:00:00 GMT+1
Juan Velarde FuertesPremio Rey Juan Carlos de Economía y Premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales
Hacía tiempo que un asunto relacionado con la política económica española no tenía tanta importancia como el que se ha planteado en torno a Endesa desde el año 2005.La primera, si existe, o no, un orden jurídico firme
Estable que haga que, ante el poder ejecutivo pueda decirse lo que aquel prusiano ante unas posibles demasías del monarca:“¡Aun quedan jueces en Berlín!”. Como veremos, esa falta de seguridad jurídica cambia radicalmente la actitud ante la inversión española y la extranjera.La primera, en vez de moverse de acuerdo con las normas de los mercados normales de capitales, pasa a comportarse de acuerdo con lo que consigue en las covachuelas políticas. Bien conocido es que, en este caso, la eficacia del sistema decae, y eso se paga en términos de eficacia. Por otro lado, se coloca a un paso de situaciones corrompidas, que nacen siempre de eso, de un exceso de intervencionismoLa extranjera, sencillamente, rehuye a nuestro país. Los fenómenos de deslocalización surgen y no es completado el panorama de las inversiones directas nacionales por inversiones directas extranjeras. El motivo es simple : coinciden en torno a lo que sucede tres grandes cuestiones. El segundo gran tema que subyace en todo esto es el energético. España precisa, con mucha urgencia además, resolver el problema energético. Tiene una realidad productiva singular en la OCDE: es el único país de esta organización que para aumentar en una unidad el PIB, precisa de un aumento de más de una unidad del empleo de la energía. El resto de los miembros de esta organización se conforma con cifras inferiores a uno. Por otro lado, en el terreno de la energía primaria, nos hemos situado con el 80% preciso procedente de la importación, muy en primer lugar, con unos mercados abastecedores donde no impera precisamente la libre competencia. El trastorno que así se origina obliga a plantear, a fondo, la opción nuclear, exige resolver la cuestión de la red eléctrica que dé unidad al mercado español, absurdamente segmentado como consecuencia de pleitos y miedos de autoridades locales. Ha aparecido otra gran cuestión, a causa del pretendido calentamiento del Planeta. Las emisiones de CO2 generan perturbaciones adicionales, que exigen cambios en los mecanismos productores de energía eléctrica, los cuales no son precisamente abaratadores de este bien En vista de ese triple problema, y sin resolver ninguna de estas cuestiones, que tienen consecuencias relacionadas con la productividad, con la balanza de capitales y con la comercial, el Gobierno se lanzó, con tenacidad digna de mejor causa, a intentar alterar la estructura de Endesa y a modificar el mapa energético español, a partir de un planteamiento que, lógicamente, ha acabado incluso abandonando Gas Natural. Se trataba de algo, desgraciadamente, muy claro, porque desde 2005 se viene arrastrando ese colosal estropicio originado a nuestra economía. Su primera raíz es antigua. Se halla en el no haberse dado luz verde a la fusión de Endesa e Iberdrola, como ahora muestra el artículo de Juan Avilés titulado, “Ni E.ON ni ENEL; Fusión de Endesa, Iberdrola y Unión FENOSA. El valor de la unión de este tridente español la situaría en la cabeza de Europa y evitaría el dominio de EdF, E.ON, RWE y ENEL”, publicado en “Consejeros”, marzo 2007, cuya justificación se encuentra en estos párrafos: “El sector eléctrico español -Endesa, Iberdrola y Unión FENOSA- podrían ser la base de una cuarta área a tener en cuenta en el futuro de Europa, fundamental para nuestro posicionamiento europeo; también con África –gaseoductos y oleoductos tienen que pasar por aquí- y con Sudamérica, donde Endesa es la primera empresa eléctrica del continente, y ha empezado a dar beneficios consistentes después de costosas y notables inversiones. Iberdrola también tiene grandes proyectos en Centroamérica, fundamentalmente en México. El valor contable empresarial de este ente energético español podría situarse a la cabeza de Europa”, con un valor de empresa, para 2005, de 64.550 millones de euros, frente a los 58.280 millones del Grupo E.ON, los 48.180 millones de ENEL, los 44.246 millones de EdF y los 38.576 millones del grupo RWE. Esto había sido un futurible, si se quiere que muestre la existencia de un lamentable presente, pero todo lo agrava el escándalo originado por las manifestaciones de Manuel Conthe, en las Jornadas Financieras organizadas por Deloitte y “ABC”, el 13 de abril de 2007. Este periódico, al día siguiente, escribía en su editorial “Mercado sin garantías jurídicas”, frases tan duras como ésta: “El atrabiliario desarrollo de la Opa sobre Endesa, una de las operaciones financieras más costosas y ambiciosas ocurridas en el continente, es un pésimo ejemplo que ha puesto en evidencia el grosero y torpe intervencionismo de un Gobierno severamente amonestado por Bruselas”. Por su parte, también el 14 de abril de 2007, conviene leer el duro comentario de “Expansión”, “Hay que dejar hablar a Conthe”. En él se indica que “todo esto está dejando a la CNMV «tocada» y en una extraña –y poco afortunada- situación de interinidad… Porque, como ayer dijo Conthe, la CNMV «no puede servir a dos señores» cuando «la política industrial del Gobierno entra en conflicto con las normas del mercado de valores»… Si realmente al Gobierno le importa la salud de las instituciones en general, y la de la CNMV en particular, debería permitir la comparecencia de Conthe cuanto antes” en el Congreso de los Diputados. En esa línea se encuentra, ese mismo día, el editorial de “El Mundo” titulado “Conthe es un árbitro, no un cargo de «confianza»”, en el que se lee que “lo que no le gusta al Gobierno de la conducta de Manuel Conthe es precisamente que se haya creído esa independencia para actuar que le concede la Ley del Mercado de Valores… Conthe pretendió sancionar la conducta de Enel y Acciona al tomar un paquete de control de Endesa sin cumplir los requisitos legales… Las más importantes publicaciones económicas internacionales han criticado estos días la actuación del Gobierno en el «caso Endesa» por su manipulación del mercado y su falta de respeto hacia la ley”. En “La Gaceta de los Negocios” del 14 de abril de 2007, en el editorial titulado irónicamente “Más días de gloria”, se lee: “Este Ejecutivo socialista… no se resigna a una derrota… Y Endesa… era (una batalla importante). Se han cambiado leyes, se han comprado lealtades y se ha retorcido el brazo a los árbitros. Pero con Manuel Conthe pincharon en hueso… (Nunca se ha visto) al Gobierno de ningún país civilizado sometiendo a presiones tan descaradas a los responsables de supervisar los mercados. Ni siquiera para forzar un final feliz. Como recordaba hace unos días en Endesa aun quedan días de gloria”. Naturalmente, en “Cinco Días” el editorial del 14 de abril de 2007, se titula “Adiós, señor Conthe”, e incurre en la equivocación de señalar que “el Gobierno le ha retirado la confianza” y que por ello debe renunciar. El cargo de regulador de la CNMV no depende de la confianza del Gobierno, aunque éste nombre a sus componentes. Pero este diario ha de admitir esto: “Este poco edificante e innecesario vía crucis, sumado a repudiables gestos de intervencionismo con motivo de las opas sobre Endesa, ha llevado a muchos medios internacionales a poner en solfa a España como país seguro para invertir”. Y en la misma pág. 10 que el editorial se incluye un artículo de José Barea titulado “Regulador financiero único, ¿nacional o europeo?”, donde se indica que si existiese, nos encontraríamos con “una agencia independiente de los Estados miembros (y) la lejanía de dicha agencia de los Gobiernos de cada país impediría lo que ha sucedido en España en la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV)… Parece lógico estimar que la creación de la agencia europea de supervisión financiera estaría en línea con el anuncio del Consejo Europeo de Lisboa, aparte de respaldar los esfuerzos a realizar para mejorar y simplificar la regulación, con el objeto de hacer de la Unión Europea una economía verdaderamente competitiva. Esta línea del 14 de abril de 2007 en prácticamente toda la prensa tenía un preludio el 12 de abril de 2007, en “El Economista”, en el artículo de Lorenzo Bernaldo de Quirós, “Organismos reguladores: el mito de la independencia”. En él se leía: “España se parece cada vez más a un país tropical en el cual nadie sabe a qué atenerse y en el que la única norma en vigor es la discrecionalidad del poder… Aquí, para hacer cualquier cosa, para realizar cualquier iniciativa empresarial de cierto calado sólo importa conseguir la aquiescencia del Gobierno que, de mejor o peor manera, logrará pervertir el juego institucional… En ese marco, lo de Conthe, y no se rían, es una broma. La distinción básica es entre una democracia liberal y una socialista. El resto es literatura”. Por su parte, “El País” del 14 de abril de 2007, en su editorial “Conthe debe dimitir”, pretende escabullirse de la cuestión principal, esto es, de si el Gobierno se ha inmiscuido, o no, en un problema en el que era sólo el ente regulador, sin presión alguna, el que tenía que dictaminar, aunque todo, como se ha dicho, señala que hizo precisamente lo contrario, a través de maniobras que Conthe pretende exponer en el Congreso de los Diputados. Sin embargo, ha de admitir que éste, “ya ha dejado en ridículo al vicepresidente Solbes y se dispone a hacer lo mismo con el presidente de la Comisión de Economía, Antonio Gutiérrez. Y parece dispuesto a inmolarse entre invocaciones a grandes y solemnes principios para demostrar que sólo él es independiente y objetivo. Acometido por un ataque de fundamentalismo de sí mismo, no entra en sus previsiones reconocer equivocación alguna… Ya ha dañado lo suficiente a la CNMV y a la imagen de este país en el exterior como para que siga haciéndolo un día más”. Ni pretendiendo hacerlo rematadamente mal, lo hubiese logrado el Ejecutivo de manera tan plena. Una política así, en relación con el asunto Endesa, no debe seguir practicándose, -las palabras se roban a “El País”-, ni “un día más”.
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